Política

Gas y decisiones

octubre 10, 2017

Hay razones para desconfiar de la instalación del gasoducto para proveer de energía a dos empresas trasnacionales asentadas en Coatepec. En principio porque quien otorgó los controvertidos permisos, el ahora diputado José Manuel Sánchez, se pronuncia en contra de la obra y se deslinda de haberla autorizado. Le echa la culpa al ex priísta en fuga Roberto Pérez Moreno.

Lo cierto es que se autorizaron los permisos en 2012 y tal autorización se hizo a contrapelo de que no se contaba con la verificación y permisos de Protección Civil y de las instituciones federales correspondientes.

Ni al momento de autorizar la controvertida obra ni ahora se tuvieron a la vista los permisos de protección civil y los de las instancias federales correspondientes. Lo explica en parte la instalación casi a hurtadillas que se ha hecho. Al fin y al cabo no hay que despreciar el poder corruptor de dos de las trasnacionales alimentarias más nocivas, Coca-Cola y Nestlé, esta últims cuyo presidente y ejecutivo en jefe sostiene desde el año 2013 que el agua no es un bien que debiera ser público sino privado. Nestlé es la empresa alimentaria más grande del mundo y que más dinero ha invertido para evitar la instauración de leyes que obliguen a publicar si los productos que ofrece son genéticamente modificados. Coca-Cola no precisa de mayor comentario.

En cualquier caso, al margen de los decires y deslindes de ex presidentes municipales involucrados en dichas autorizaciones sobradamente controversiales, el Ejecutivo estatal optó por sintonizar con el reclamo de los gobernados y clausurar la obra.

Convendría que el asunto no parara ahí y que se investigara con detalle los procesos decisorios que permitieron que se iniciaran las obras de instalación.

No debe esto quedar en la opacidad. Por el contrario, deben reconstruirse y revisarse por completo los procesos decisorios que llevaron a que, sin más, un par de empresas señaladas mundialmente por sus malas prácticas se abrogaran el derecho de construir un gasoducto que nadie quiere con especificaciones tan laxas como que la tubería iría a profundidades de 60 hasta 500 centímetros, pero que la documentación gráfica de la instalación las muestra punto menos que a ras de superficie.

Es probable que en un tiempo relativamente corto vuelvan las pretensiones de construirlo. Conviene para entonces tener varias referencias de las especificaciones de gasoductos industriales y habitacionales probadamente seguros.