Política

Ácratas

octubre 08, 2017

Frente a las magnitudes del deterioro, hay quienes discuten si el Estado mexicano es fallido o no. Lo es en varios aspectos, la crisis que paraliza al país es multidimensional y agravada por la calidad y naturaleza de los gobernantes. México es un país en guerra interna, irregular y "el enemigo", las organizaciones criminales, tiene fuertes y múltiples vínculos con autoridades diversas y de todo nivel que minan profundamente la institucionalidad y la confianza de la sociedad en ésta. Aspectos suficientes para configurar, en efecto, un Estado fallido.

Entre la crisis económica propiciada por un sistema que florece por la venalidad de quienes pertenecen y medran de él –que pusieron al estado en condiciones punto menos que catatónicas– y la violencia explosiva de un criminalidad abocada al terror como método de disuasión y dominio y para el cual los gobiernos no tienen respuesta, o las que tiene son equivocadas.

La crisis humanitaria que vive Veracruz desde hace más de un lustro –no reconocida por los gobiernos por meros regateos de imagen– ha pasado de exhibir la sangría de las matanzas y el horror diferido de las inhumaciones clandestinas, a exponer las ignominiosas miserias del saqueo.

Al dolor de la incertidumbre por la desaparición de un ser querido, la víctimas familiares son de nuevo agraviadas porque el gobierno no tiene el dinero para comprar los procedimiento de identificación del ADN. Salieron por enésima ocasión a las calles para pedir la solidaridad ciudadana en una moneda destinada a la compra de aquellos.

Las élites decisorias actuales son desde hace años consistentemente incapaces de formar sus propios cuadros para el ejercicio de gobierno y administración. Es una de las explicaciones del penoso fracaso en casi todos los rubros de las administraciones actuales.

Si la sociedad se hace cargo de suplir las limitaciones y ausencias de sus gobiernos, habría que preguntarse con seriedad si se necesitan gobiernos. O, si se prefiere, ¿es esto lo que queremos? Cuando la sociedad termina haciendo lo que el gobierno no hace, es hora de preguntarse no sólo el tipo de gobierno que se quiere, sino el tipo de gobierno que podemos ser al margen de a los que les pagamos para ser gobierno.