Política

Barandal

octubre 04, 2017

◗ Éxodo en Coatzacoalcos ◗ Huyen de la muerte ◗ Zozobra en la UV

ESCALERAS

En el Coatzacoalcos de los cuatro niños asesinados (de, 3, 4, 5 y 6 años) y sus padres… Y de los cinco muertos sólo en 12 horas del viernes 29 de septiembre (tres masacrados en una colonia en la madrugada; otro más, un pollero, rociado de plomo; y otro más, rafagueado en otra colonia)…

Y del reportero asesinado en el Duartazgo, Gregorio Jiménez de la Cruz, el 5 de febrero de 2014 y sepultado en una fosa clandestina que él mismo cavara… Y de El H, quien sostenía una alianza con parte de la élite empresarial, una de ellas, con un hijo en la administración pública…

Y el Coatzacoalcos que él mismito góber azul ha reconocido con un repunte en las ejecuciones, por cierto, a veces, 2, 3 en un día… La ciudad sureña mudada de un infierno en un paraíso, la población sólo ha descubierto una salida digna, como es huir del pueblo, salir del infierno, tocar el cielo con los dedos desde otra región, ya de Veracruz, ya en el resto del país.

Antes, en el Duartazgo, la población migró de Pánuco, por donde entraran a Veracruz los malandros procedentes de Tamaulipas. En aquel tiempo, el cacique huasteco, el panista Ricardo García Guzmán, tan dado a la estadística, aseguraba que 15 por ciento de la población del norte de la entidad había migrado, incluso a Estados Unidos.

Ahora la población sólo piensa en migrar de Coatzacoalcos y quizá también de municipios aledaños. La voz de alerta la ha dado el dirigente del Fesapauv, que aglutina a 7 mil maestros de la Universidad Veracruzana, Enrique Levet Gorozpe.

Los profe, dice, y sus familias ya no aguantan ni soportan la realidad avasallante. Secuestrados, desaparecidos, asesinados, fosas clandestinas, cadáveres en las calles y en las carreteras, y en el monte.

Así cabildean en la UV, a través del Fesapauv, la reubicación en otros campus de Veracruz. En contraparte, los migrantes de América Central (Honduras, Salvador, Guatemala y Nicaragua) en su paso por Coatzacoalcos, también enfrentan, ni modo, el infierno.

Unos, pues, urgidos de migrar, y otros, los ilegales, atravesando el infierno de igual manera como en la frontera norte, cuando caminan en el desierto desafiando a los polleros, a los malandros, a los francotiradores cazadores de indocumentados y a la policía migratoria de Donald Trump.

Tantas "cornadas da el hambre", como dijera Luis Spota.

PASAMANOS

En los más de 20 años en la dirigencia, nunca Levet Gorozpe se ha topado con el infierno.

Resume así el eje del mal: "Otros colegas académicos han perdido la vida. La delincuencia organizada está intolerable. Hay un pánico generalizado por los secuestros, homicidios, extorsiones, asaltos y golpes. Hay una preocupación tremenda. La gente está huyendo" (La Jornada Veracruz, Sayda Chiñas).

Un docente, el último, Manuel Dekar Vidal Cruz, privado de su libertad cuando se ejercitaba en el parque La Alameda, golpeado, vejado, humillado, por fortuna rescatado, estaba en terapia intensiva el fin de semana.

Por eso Levet cabildea el traslado de un montón de profes a otras zonas, aquí, claro, en Veracruz donde, digamos, sólo digamos, la inseguridad sea menor, pues el territorio jarocho es un infierno.

El infierno tan temido del que hablaba sor Juana Inés de la Cruz.

Grave, claro, que en la realidad huracanada lo único importante es la seguridad y todavía tarde demasiado en llegar.

La noche en el túnel se prolonga sin una lucecita en el amanecer.

Nadie duda de que la rectora de la UV será comprensiva y generosa, y más luego de que según las versiones, Levet Gorozpe cabildeara con su amigo, el secretario de Salud, doctor José Narro, para que a su vez cabildeara con los miembros de la Junta de Gobierno de la UV y favoreciera a Sara Ladrón de Guevara con la reelección.

De ser así, y como dice el proverbio ranchero, "favor con favor se paga".

Y más, cuando en la UV han sido asesinados estudiantes y académicos en este tsunami de violencia procedente desde la terrífica noche duartiana.

CASCAJO

Se viven días y noches horrendas. Por ejemplo, la académica de la UV, Estela Casados González, ha recordado que de enero a la fecha del año que corre se han registrado 169 asesinados de mujeres, de los cuales 118 serían casos de feminicidios.

Terrible, porque en sólo 11 de los 212 municipios de Veracruz hay una Alerta de Género, en tanto, caray, resulta insólito, apabullante, la numeralia de la muerte entre la población femenina.

Cierto, en el lado oficial reiteran que la violencia es de origen intrafamiliar, donde el macho sigue como el mandamás del hogar y con la hombría por delante (y también la impunidad) hace y deshace.

Según la maestra, se trata de mujeres asesinadas que de paso fueron torturadas "de la peor manera" sin que al momento exista una gran cruzada cívica institucional en alianza con las ONG para reeducar, en todo caso, a las parejas (tarea insólita) en su relación personal.

Por eso, si se juntan "la noche de san Bartolomé" de Coatzacoalcos y los feminicidios, entonces, en Veracruz se padece el peor de los tiempos, y que en el caso del sur, es una herencia duartiana, pero al mismo tiempo, diez meses después reclama una limpia general.

En 40 días, de diciembre de 1986 al 10 de enero de 1987, Fernando Gutiérrez Barrios pacificó Veracruz que estaba en manos de "La Sonora Matancera", de igual manera como antes, en 1936, en manos de la temible "Mano Negra" de Alto Lucero, aquella que asesinara al gobernador electo, Manlio Fabio Altamirano, en el café Tacuba de la Ciudad de México para dar paso a Miguel Alemán Valdés a la silla embrujada del Palacio de Xalapa.