Política

Desengaño

octubre 04, 2017

El gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares está en la misma categoría que sus referentes nacionales, los gobiernos de Fox y Calderón. Enfilado hacia el fin del primer año de su gestión, el desempeño general del gobierno no honra ni remotamente las promesas y compromisos explícitos de campaña. El bono de la novedad de la alternancia y la tolerancia de la sociedad que explica las limitaciones con base en la crisis dejada por los tres últimos gobiernos priístas parece haberse agotado. Esto, porque el gobernador se empeña en reproducir los mismos esquemas de comportamiento y actitudes políticas que se critican a la forma priísta autoritaria de gobierno.

El eje de su oferta de campaña –la inseguridad pública– es determinante y no hay forma de cambiar la percepción de la sociedad al respecto, porque sencillamente no ha habido ningún cambio ni en la violencia ni en las metástasis entre crimen y las fuerzas públicas. La condescendencia en consideración a las circunstancias heredadas terminó patinando en los reflejos e inclinaciones autocráticas del gobernador y en su inquietante tendencia en minimizar la realidad que le resulta desagradable.

Dijo que eran tonterías a las que no contestaría cuando reporteros le preguntaron sobre contratos con empresas del Duartismo inhabilitadas.

Mientras que actores diversos políticos de todas las tesituras, la CEDH y la sociedad civil ponen atención específica en el número de mujeres asesinadas, el gobernador regatea las cantidades que se reclaman. Pareciera haber una tendencia en descalificar todo cuestionamiento por la eventual posibilidad de que fuera una trampa de sus adversarios. La posibilidad de que sea una auténtica preocupación pública no es considerada. Justo ayer, La Jornada Veracruz consignó el desconocimiento del gobernador respecto a que si se había publicado en la Gaceta Oficial el acuerdo sobre la interrupción legal del embarazo recomendado por la comisión para prevenir la violencia contra las mujeres.

El asunto no es poca cosa ni queda en el nivel de la mera descripción de un estilo de gobierno. Topa de frente con las expectativas de parte importante de los electores que le dieron su voto y que, aun reconociendo sus determinaciones autoritarias, confiaron en la sinceridad del cambio que se ofrecía.

La decepción ha sido mayúscula porque la realidad sigue siendo básicamente la misma: violencia y recesión económica.

La lección es importante: demuestra de nueva cuenta la imposibilidad de los hombres del sistema para introducir y conducir los cambios que la sociedad les reclama, incluso las coyunturales adicionales, como la alerta de género. Las dos administraciones federales panistas, y ésta del "nuevo PRI" lo prueban sobradamente. Los hombres del sistema no son confiables porque el sistema está corrompido. No es un sistema con reglas de intercambio político más o menos estables, sino un sistema de apropiaciones al margen de los intereses del público. O, como parece ser el caso en Veracruz, de permanencia familiar en el poder y las decisiones centrales.

No hay posibilidad de cambio en los hombres del sistema. Si la ciudadanía realmente está convencida del imperativo de romper con el ciclo corrupción-inmunidad, tendrá que aceptar que la forma de lograrlo es con actitudes, propuestas y candidatos antisistémicos. No hay otra forma.

Parte importante de la sociedad parece tenerlo claro, y de ahí el ascenso y consolidación de Andrés Manuel López Obrador como candidato a la Presidencia. Hay otra parte de la sociedad que también lo tiene claro pero que apuesta y apela más por la conciencia ciudadana y su compromiso personal con la necesidad del cambio, que a una estructura partidaria que pudiera caer en las distorsiones de la partidocracia. Esto es la iniciativa Ahora sí, con Emilio Álvarez Icaza como eventual candidato a la Presidencia, lo que a muchos inconformes críticos del sistema les resultará atractiva porque se estructura en una agenda definida por ciudadanos y sobre la base de su voluntad para organizarse, por lo pronto, en círculos de diálogo con intención de incidir desde este ámbito.

Una cosa es clara: no hay posibilidad de alivio a la ciudadanía dentro del sistema. Es preciso construirla fuera