Política

Respuesta permanente a las emergencias

octubre 03, 2017

Las terribles experiencias que han sufrido muchas ciudades mexicanas, y que motivan intensas labores de rescate, pusieron en evidencia la existencia de una sociedad civil joven e intensamente comprometida con los valores más profundos de nuestra comunidad.

La explosión de solidaridad que vimos tras el temblor del 7 de septiembre, repetida el 19, probó fortaleza y virtud. De igual manera, señaló la urgencia de construir sistemas de protección mayores y más eficientes para atender todas las eventualidades que acontezcan.

En la Ciudad de México, no había pasado ni una hora después del sismo, que en masa se presentaron jóvenes preparatorianos, universitarios y trabajadores y empleados en todos los lugares de la tragedia complementando la acción del Ejército y de la Armada, al igual que del personal hospitalario e instituciones de beneficencia empezando por la Cruz Roja. A lo anterior se sumó la magnífica labor de los distintos equipos de emergencia tanto nacionales como extranjeros que realizaron su misión, a veces heroica, en centenares de construcciones afectadas. Sin ellos poco se habría logrado.

El que las arduas tareas de salvamento las hayan protagonizado miles de particulares solidarizados con las víctimas reveló que sin protocolos preestablecidos supieron responder a la emergencia con más rapidez que las oficinas gubernamentales. Lo que también tenemos que admitir es el desorden que reinó en esa admirable pero confusa respuesta. La labor de rescate requiere de conocimientos precisos, dirección, disciplina y equipos especializados, muchos de ellos muy caros. Ya existen algunos grupos civiles de voluntarios como los famosos "Topos", conocidos ya a nivel internacional por la labor altruista que han desempeñado en eventos incluso en otros países. Pero su número es insuficiente.

La dimensión del trabajo voluntario que se volcó a atender los desastres de este septiembre fue notoriamente mayor que con la tragedia de 1985 por razones del aumento demográfico que continuará. Esto hace todavía más urgente adecuar previsiones.

México requiere suficientes cuerpos institucionalizados, bien entrenados y con técnicas sofisticadas, listos para responder a todo tipo de emergencias como terremotos, inundaciones, incendios forestales, huracanes o incluso erupciones volcánicas. Los posibles desastres no sólo son para el centro o sur del país. El norte de la República está en la línea de tornados, incendios, sequías e inundaciones repentinas, e incluso inesperados socavones.

La presencia ciudadana tiene que ser persistente. Es natural que pasado el primer trágico escenario, a medida que pasan los días va reduciéndose el contingente de voluntarios y se retiran a sus países los rescatistas que desde muy lejos llegaron a auxiliarnos. Quedarán ahí las instituciones mexicanas que son el baluarte fundamental con que cuenta la sociedad y que hay que reforzar económicamente. Las donaciones que fluyen en estos días de los partidos políticos y de la iniciativa privada hacia la reconstrucción deben ser vigiladas por los ciudadanos para evitar desviaciones.

La solidaridad en estos momentos de tantos voluntarios en el Distrito Federal, Morelos, Oaxaca, Chiapas y Guerrero bien podría continuar si se mantienen unidos y en contacto independientemente de agentes externos. Tomada la decisión, buscarían aliarse con organizaciones cívicas para conocer temas de adiestramiento, adquisición de equipos, y desde luego, de fórmulas confiables para distribución de víveres y materiales de rescate.

Los efectos de los sismos de este mes se sentirán por mucho tiempo. Ha quedado claro que las fuerzas armadas con sus programas de emergencia son y deben seguir siendo la estructura y vértebra fundamental en las que descansa México para enfrentar las eventualidades, revanchas y caprichos de la madre naturaleza y también de imprudencias humanas.

La sociedad civil tiene que estar siempre lista para aportar su esfuerzo. Los ciudadanos de cada localidad deben organizar sus comités de acción. Nuevas emergencias brotarán en cualquiera región y en cualquier instante. Hay que prever con tiempo, calma y organización las mejores respuestas. Las experiencias de este septiembre deben servir para algo.

juliofelipefaesler@yahoo.com