Política

Barandal

octubre 03, 2017

◗ Bermúdez orina sangre

◗ Estoy confinado, dice

◗ Los carniceros y las reses

Escaleras

Igual que Flavino Ríos Alvarado, gobernador de 40 días, quien en el penal de Pacho Viejo se declaró enfermo y fue trasladado a un hospital y luego enviado a su casa bajo arresto domiciliario.

Igual que Mauricio Audirac Murillo, contralor y secretario de Finanzas y Planeación en el Duartazgo, quien arguyó una lumbalgia para cumplir proceso penal arraigado en su domicilio particular.

Igual que César del Ángel, el líder de los 400 Pueblos, que de pronto, y luego de organizar mítines con sus encueratrices en Xalapa, se ha declarado con todos los males corpóreos en su vida.

Igual que José Óscar Sánchez Tirado, El Mesié, director de Prevención Social con Duarte, preso en el penal de Pacho Viejo por desaparición forzada, y que levantara la voz porque está encerrado en una celda oscura, indigna, dice, para él.

Igual que todos ellos, el secretario de Seguridad Pública en el sexenio anterior, Arturo Bermúdez Zurita, ahora se queja, él, que durante los 18 años permaneciera en el poder público (de Miguel Alemán Velasco a Javier Duarte) y dice que es el político más enfermizo de todos los tiempos.

Que padece dolores lumbares. Que está enfermo del riñón. Que orina sangre.

Además, el peor de los mundos, igual, digamos, que Duarte quien internado en una cárcel militar de Guatemala se quejaba de estar durmiendo en una cama de piedra y de que sólo lo sacaban una hora al día al patiecito del penal para un bañito de sol.

Dice Bermúdez:

"No tengo derecho a salir a caminar o hacer ejercicio a pesar de que lo anterior ayuda con los dolores de columna por un problema de inmovilidad".

Y reclama:

"Respeten mis derechos humanos, mi derecho a la salud; estoy enfermo de una lesión en la espalda".

Acusado de tráfico de influencias, abuso de autoridad enriquecimiento ilícito, la ley, la ley universal, la ley de los derechos humanos, le asiste.

Y si Arturo Bermúdez con sus policías y delegados de Seguridad sembró el terror y el horror, la incertidumbre y la zozobra, el miedo "y el miedo al miedo", y el dolor y el sufrimiento en el corazón humano, ni hablar, la ley lo protege, a él, que antes era tan machito ("¡Pinches reporteros!", decía) y ahora se acuerda que existen los derechos humanos, digamos, desde cuando la Revolución Francesa proclamó la libertad, la igualdad y la fraternidad.

La fraternidad, ante todo. Ajá.

Pasamanos

Altivo y gallardo, soberbio y creído, dueño que se creía y sentía del día y de la noche, el apodo de Arturo Bermúdez ganado en la batalla ruda lo define: "Capitán Tormenta".

En cada pueblo de Veracruz, con sus mandos policiacos, sembró el terror y el pavor.

Javier Duarte le tenía tanta confianza que hasta modificó la ley para hacerlo ultra contra súper poderoso; poderosísimo.

Así, y por ejemplo, tenía a sus órdenes las corporaciones policiacas y mandaba en las delegaciones de Tránsito y operaba el cogobierno en los penales de Veracruz, y en donde, se afirma, los carteles y cartelitos son mandamases.

En el territorio jarocho, cuando se encumbrara como secretario de Seguridad Pública, dejó el sufrimiento y el dolor en decenas, cientos, de familias, con hijos desaparecidos, secuestrados, asesinados y sepultados, en muchos casos, en fosas clandestinas.

El drama más terrible fue cuando su delegado en Tierra Blanca, Marcos Conde, con ocho policías, incautaron a los cinco muchachos de Playa Vicente (una chica de 17 años y cuatro hombres) y los desaparecieron y en algunos casos, sólo aparecieron parte mínima de sus restos.

La historia terrible de Gibrán, el cantante de "La Voz México" y quien siempre se dijo en la cancha política que lo desaparecieron y asesinaron porque en un bar la novia de uno de sus hijos coqueteó con el artista y el hijo del "Capitán Tormenta" se quejó con su padre y la ira y la revancha y la venganza se impusieron a la prudencia y la cordura política.

Ahora, Bermúdez Zurita clama por sus derechos humanos.

En el siglo pasado, los dictadores militares (30 mil muertos en la República Dominicana con Rafael Leónidas Trujillo, 30 mil muertos en Argentina con Jorge Videla, 20 mil muertos en Chile con Augusto Pinochet, etcétera) morían en sus camas y en sus casas, rodeados de la familia.

Ahora, Bermúdez Zurita vive, digamos, y quizá, el horror que creó en los seis años del Duartazgo.

Cascajo

Allá la decisión de la autoridad sobre el reclamo de Bermúdez sobre sus derechos humanos y más ahora en tiempo del Nuevo Sistema Penal.

Pero ninguna compasión social merece el "Capitán Tormenta" ni de los familiares de tantos desaparecidos y secuestrados y asesinados ni tampoco de la sociedad.

Y es que, además del abuso del poder en que incurriera, igual que Duarte y otros duartistas, también está acusado de enriquecimiento ilícito.

Es decir, de haber "ordeñado la vaca" y "metido la mano al cajón" y que en su caso, se trataría de un súper cajonazo con el manejo de las policías, los penales y la dirección de Tránsito.