Política

Sobre los temblores

septiembre 26, 2017

La masiva reacción popular que estamos presenciando en estos días como respuesta cívica a los dramas personales y pérdidas materiales causadas por los recientes temblores en la ciudad capital y en estados vecinos demuestran la vitalidad y conciencia solidaria que una vez más inspiran y dinamizan a nuestro país.

Pasadas las atenciones más urgentes de los trágicos momentos que aún no terminan, queda la titánica labor de reconstrucción que le espera a México y que, como sociedad, a todos de una manera u otra nos involucra.

La impresionante explosión de solidaridad que a todos nos envuelve en estos días no debe ser sólo un fogonazo. Debe trascender estos trágicos momentos.

El desbordamiento de la sociedad civil, igual al que se registró en 1985, no fue, ni había manera de ser, organizado o disciplinado, pero su efectividad rebasó cualquiera estimación. La intensidad y efectos del fenómeno fueron quizás menores que el de hace 32 años, pero el número, particularmente de jóvenes que se entregaron al multitudinario rescate fue, por simples razones demográficas, mayor.

Al auxilio de centenares de víctimas en la capital y pueblos vecinos devastados han llegado desde naciones amigas contingentes profesionales, algunos acompañados de sus "binomios caninos". La ingente masa de rescatistas expertos al igual que improvisados han sido respaldados, muchas veces encauzados, por la oportuna e indispensable intervención de marinos y soldados.

El drama que se vive ha probado, además, la espontánea generosidad de todos los sectores de la población. En Morelos, donde los estragos han tocado a cientos de edificios municipales, escuelas, iglesias, clínicas y monumentos históricos, el trabajo de distribución de los donativos recibidos ha tenido que enfrentarse a las interferencias políticas que buscaban atribuirse méritos electorales.

Llama la atención las respuestas de las grandes empresas del país, extranjeras al igual que nacionales, difundiendo sus donativos a la labor común. La antigua y tradicional cervecería, ahora extranjera, ofreció en gran desplegado donar un porcentaje de las ganancias que obtenga de la venta de una de sus especialidades. Otras empresas anunciaron aportar un tanto más a los donativos que reciban para los damnificados, las telefónicas aportan cinco pesos por cada peso que se done a los damnificados. Algunos trasportistas ofrecen servicio gratis, mientras que algunos supermercados destacan empleados suyos a atender centros de acopio o de distribución. Un buen número de grandes empresas están regalando alimentos, medicinas, equipos, materiales de construcción y ropa al esfuerzo nacional.

La solidaridad que ahora envuelve a casi todos los sectores sociales no debe extinguirse una vez que haya pasado lo más angustiante de la crisis que se vive en el centro y sur del país, sino continuar en organizaciones estables de confiada permanencia.

Es el momento de proveer la permanencia de las fórmulas que están naciendo al calor de la vigorosa solidaridad nacional para convertirlas en entidades mixtas que se mantengan siempre listas para responder, en cualquier momento, a cualquier necesidad o emergencia.

Muchas instituciones de vocación de servicio social deben tener estructuras que las blinden contra los repentinos y generalmente arbitrarios cambios sexenales para mantener viva la intención que en primer lugar inspiró la institución.

En un país que lamentablemente nos hemos acostumbrado a seccionar nuestra existencia colectiva y hasta personal a la medida sexenal, hay que hacernos a la idea de que las instituciones que creamos para resolver ingentes problemas tienen que sobrevivir los períodos gubernamentales de todo nivel.

La mejor forma de asegurar la sobrevivencia transexenal de las acciones que el país requiere es con entidades de integración pública y privada con personas que permanezcan en sus funciones por períodos que traspasen los gubernamentales. Están los casos de los Ministros de la Suprema Corte que así duran nueve años en sus cargos o el del eventual Fiscal General de la Nación.

Los momentos que vivimos no son fáciles. La continuidad de nuestros esfuerzos requiere que las instituciones que las alientan no sean efímeras. Los márgenes de seguridad también deben ser amplios. ¡Guerra contra los esfuerzos efímeros!

juliofelipefaesler@yahoo.com