Política

Galácticos

septiembre 23, 2017

Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Pedro Aspe Armella, Jaime Serra Puche, José Ángel Gurría, Miguel Mancera Aguayo, Guillermo Ortiz Martínez, Francisco Gil Díaz, Agustín Carstens, Luis Videgaray, José Antonio Meade. ¿Conoce usted a esta oncena o ha escuchado acerca de ella? Si no, tal vez se preguntará, ¿será la alineación "galáctica" del Real Madrid? Imposible, porque sólo meterían autogoles. ¿Una lista de "dreamers" recién repatriados por Trump? Para nada, pues ya están grandecitos y ya cumplieron sus sueños. ¿Acaso miembros de la Real Academia Española? Ni remotamente, pues su lenguaje sólo ellos necesitan comprenderlo. ¿Podrá tratarse de una banda musical? Si lo fuera, solo amenizarían los velorios. ¿Candidatos al Premio Nobel de Economía? De serlo, habría que desaparecer a la Academia Sueca.

Algunas pistas señalan que al menos dos de ellos –los primeros– fueron presidentes de México, y en su momento, todos pasaron por la Secretaría de Programación y Presupuesto o por la Secretaría de Hacienda para dirigir la economía del país rumbo al primer mundo y a ritmo de la globalización. Sus antecedentes, en su mayoría, habría que rastrearlos en las aulas del ITAM, donde sus mentes privilegiadas fueron estandarizadas bajo los conceptos de la macroeconomía moderna conservadora, posteriormente perfeccionados y reducidos a dogmas teológicos en las universidades de Chicago, Harvard, Yale, Stanford y Princeton, pero con resultados de universidades "patito".

Esta obsesión por la ortodoxia larvada en sus cerebros se cifra en modelos econométricos, matrices maravillosas y expectativas racionales que, al aplicarse, generan una reacción perturbadora que luego resulta incontrolable al inocular en el cuerpo social un virus letal cuyos síntomas tratan de neutralizar con fórmulas de ineficacia probada: equilibrio macroeconómico de por vida; déficit fiscal cero; privatizaciones, si algo queda por privatizar; apertura comercial; competitividad; contención salarial a ultranza; operaciones de "corto"; control de la inflación como onceavo mandamiento; subasta de dólares para estabilizar el mercado; todo en el marco de la cirugía mayor que son las "reformas estructurales".

Sea como se les haya seducido, lo cierto es que desde que fuera presidente Miguel de la Madrid, todos los demás han sido entusiastas y disciplinados intérpretes de políticas contraccionistas, acaso sólo cuestionadas por tres severas crisis –1987, 1994/1995 y 2008– que obligaron a la tecnoburocracia a dar explicaciones coyunturales que no cuestionaban la naturaleza de la estrategia y sus elevados costos sociales. Debido a estas sacudidas crónicas y cíclicas, las bondades del modelo, a 30 años del paradigma neoliberal, reportan resultados negativos en el aspecto más importante en que se debe evaluar, legitimar y reproducir el desempeño de una economía, a cualquier escala: el balance social y el desarrollo humano.

Sin mejoras perceptibles en la calidad de vida de las personas –y sin duda, también de los animales– resulta estéril argumentar contingencias externas en la explicación de los sucesivos fracasos de política económica; y peor aún, hacer pensar que no existe alguna otra alternativa. De cualquier manera, es lamentable que, junto con las tétricas imágenes y las más recientes cifras de la violencia y la delincuencia, aparezcan los resultados de la evaluación de la pobreza, que no hacen más que replicar constantemente la lógica impecable e implacable de los once seleccionados nacionales.

Coneval alienta la desesperanza cuando publica sus informes acerca de la pobreza en México, en una tendencia que obliga a preguntarse de qué alcance deberían ser las transformaciones en la estrategia económica y sacrificando a cuántas generaciones, si se quisiera comenzar a revertirla. Un perfil recurrente en el plano estatal, da cuenta que Veracruz ha sistematizado los índices de pobreza en una trayectoria incremental. Y esto no se explica endosando la factura a los latrocinios de Javier Duarte y al nivel agregado de corrupción en el país, que en algo ha de contribuir.

Por más que se argumente que la pobreza haya experimentado una micronésima reducción, los pobres absolutos crecen, pese a todo. Y en el "paquete" económico entregada por José Antonio Meade a la Cámara de Diputados, las dimensiones de la pobreza no forma parte de sus variables significativas, salvo como efecto colateral inesperado. El esperanzador rango de crecimiento del PIB entre 2 por ciento y 3 por ciento; el reducido margen de maniobra fiscal; la deuda externa que aumenta el déficit primario; la estabilidad cambiara al servicio de los especuladores; el pago de pensiones; la baja estimación del precio internacional del barril de petróleo; los recortes presupuestales; y el grave descuido de los sectores agropecuario, de salud y educativo, se encuentran dentro de la caja de las "no sorpresas" que contiene el paquete económico de José Antonio Meade; con la única sorpresa que el propio secretario se aparezca como candidato a la presidencia de la República.

Lo que faltaba: un "paquetazo" económico de reconocida ineficacia, diseñado en los laboratorios de los organismos financieros internacionales; claro está, con responsabilidad y cuidado de las finanzas públicas para mantener al enfermo, enfermo; pero ahora agravado por las desgracias provocadas por la naturaleza –tan terrible y maravillosa– y los costos de la reconstrucción, que llevarán años. Pero, ¿alguien ha calculado la ya histórica deuda social que representa la pobreza asociada a esta estrategia de política económica, así como la enorme carga inhumana que representa para el conjunto de la sociedad la delincuencia de todo tipo?

Es muy probable que las fuerzas incontrolables desatadas por los movimientos de las capas tectónicas, el poder destructivo de los vientos huracanados y las enormes vaporeras incandescentes que son los volcanes palidezcan ante el aciago binomio de la insensible tecnocracia y la crueldad diseminada de los hombres. Seguro que en el primer caso, las víctimas son de menor cuantía que en el segundo.

México es un país asediado por ambas amenazas. Una se pierde en el origen del planeta. La otra es parte de una historia reciente de millones de damnificados de la política económica y de víctimas del crimen impune. Sin embargo, siempre se vislumbra con renovado optimismo que ante las adversidades naturales aparezca la generosa energía de la solidaridad social. Pero ante la incompetencia de los gobernantes y la violencia desatada, parecen no ser suficientes el hartazgo y la indignación. Franklin, Harvey, Irma, Katia, María y José pueden despertar temor, pero no terror. Son destructivos, pero irreprochables. Por el contrario, siglas de partidos políticos, políticos innombrables y células criminales, son una tragedia que no cesa, sobre todo cuando los primeros se cobijan en prerrogativas millonarias y, si es necesario, se encubren bajo el nuevo sistema de impartición de justicia y el expediente del debido proceso.