Política

La desconfianza como forma de relación

septiembre 13, 2017

Los habitantes de Pajapan se oponen a la construcción de un parque eólico. Habrá muchos que se sorprendan o molesten de la resistencia social a la puesta en marcha de alternativas medioambientalmente amables. Pero pasa que en las últimas décadas, las concesiones dadas a empresas extranjeras han resultado extremadamente perjudiciales y tóxicas para con la sociedad y el medioambiente. Basta con el ejemplo de las empresas extranjeras de minería metálica que han devastado las zonas donde se encuentran. O los turbios manejos de la española OHL en México que se extiende hasta España y el Partido Popular. Escándalos hechos públicos desde mayo de este año y que fuera del barullo inicial el gobierno se ha empecinado en negar información sustantiva a cambio de sacrificar al director Lozoya. Cosa que sucedió hace ocho meses y que no ha tenido mayor consecuencia en el esclarecimiento en el sofisticado circuito de corrupción gubernamental federal.

No son pocos los que se duelen de la pasividad y desinterés de parte de la sociedad, pero pasa que la falta de capital social y del sentido colaborativo que toda población requiere para su progreso han sido alentados por muchas décadas de promesas incumplidas, decepciones, escándalos, asesinatos, violencia sistémica propiciada por tomadores de decisiones de todo el espectro partidario. Es explicable la resistencia. Por eso, tanto la empresa constructora como las autoridades que lo permitieron están obligadas a informar a la sociedad de su presencia, sus propósitos y sus métodos para lograrlos. Tanto autoridades como inversionistas deben aceptar la idea de que hoy es difícil escapar del escrutinio de la ciudadanía pero, sobre todo, escapar de sus reservas y miedos respecto al gobierno. La ciudadanía debe hacer bastante más por su organización y visibilidad.

Además de las resistencias, ni los gobiernos ni los gobernados hemos aprehendido cabalmente el concepto de la rendición de cuentas y la transparencia compulsivas.

Entre reformas malogradas pero dañinas, exhibiciones obscenas de casos de corrupción a todos los niveles y la impresionante impasibilidad de los gobernantes, el ciudadano desconfía, sí, pero sin mayor apetito de resistencia, más allá de algunas manifestaciones aisladas.

Habría que preguntar por qué siendo aparentemente una buena idea no se ha informado a la sociedad en general.

Los lazos colaborativos que alguna vez caracterizaron a la sociedad mexicana en momentos críticos se han diluido en la decepción. Es vital y urgente repararlos y crear nuevos.