Política

Autorreferencial

septiembre 11, 2017

Las expectativas (y esperanza) que los veracruzanos pusieron en la alternancia han topado con las realidades del estilo personal del gobernador del estado. Miguel Ángel Yunes Linares es un autócrata que llegó al poder por medios democrático-electorales. Esto, que parece una verdad de Perogrullo, tiene su importancia, al fin y al cabo impacta en el centro de los procesos de construcción democrática tan reclamados por la ciudadanía.

El gobernador Yunes accede al gobierno en una elección divida en tercios y en alianza con el PRD. Teniendo como referente inmediato el calamitoso gobierno priísta anterior, no es de extrañar que resultara electo, sino que lo hiciera en una elección dividida en tercios.

A despecho de estas dos realidades, comicios divididos en tres y en alianza con la izquierda nominal, el gobernador no ha hecho mayor cosa por atemperar un estilo de trato que marcó la memoria de la sociedad y los actores políticos durante el gobierno de Patricio Chirinos.

Por una vía son públicos sus deseos dinásticos fundacionales; por otra, no ha hecho nada por controlar los impulsos autocráticos con que lo identifica la población y los tomadores de decisiones. Esto, en una sociedad habituada al autoritarismo, podría ser irrelevante; pero no es el caso cuando la autocracia afecta a parte significativa de la sociedad empresarial del estado, que es el caso.

El gobierno de Javier Duarte, impresentable y todo, dejó reconocida la deuda acumulada con promovedores y contratistas que, además, arrastraba rezagos desde el gobierno de Fidel Herrera. No por nada bautizaron el binomio gubernamental como la docena trágica.

Veintinueve días después de su toma de posesión, el gobernador desapareció, sin más, la deuda gubernamental/institucional (superior a 11 mil millones de pesos) contraída con empresarios proveedores y contratistas veracruzanos y sin consultarlo con el Congreso. No ha habido mayor explicación pública de su decisión y los diputados, representantes de la sociedad, parecen no concederle mayor importancia. Tampoco hay porqué extrañarse, tal es la calidad democrática en el estado, por la que los políticos y gobernantes no dan un comino.

No pagar a los proveedores tiene consecuencias en la viabilidad económica. Callar al respecto también.

Los reflejos autocráticos del actual gobernante veracruzano impactan en los desarrollos económicos y políticos del estado por las simples razones de desconocer una deuda gubernamental contraída e instrumentar el entramado para gobiernos dinástico familiares. Mala cosa. Por lo pronto, entre la docena trágica y un bienio autorreferencial, el estado cumple casi tres lustros de estancamiento total.