Política

Partidos, pragmatismo y fruto

septiembre 10, 2017

Conscientes de su desgaste y limitada convocatoria, los partidos políticos han optado desde hace algunas elecciones por la fórmula de los candidatos ciudadanos independientes como una forma de lavar cara frente a un electorado que mayoritariamente los rechaza. La firma del Pacto por México convocada por el gobierno en 2013 acabó en una suerte de extremaunción de la credibilidad partidaria.

Con argucias, en el año 2015 PAN, PRD y PRI se tomaron en serio las consultas ciudadanas para realizar de manera encubierta campañas de proselitismo con varios meses de anticipación.

El gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, demostró que un candidato no vinculado con los partidos es atractivo para la ciudadanía. Los resultados posteriores demostraron que romper con la formalidad de la candidatura partidaria no necesariamente implica un cambio. Ni siquiera su inicio.

El sistema se ha configurado de suerte que los partidos –su organización, burocracia, nomenclatura y monopolio de la representación ciudadana– impiden a candidatos y a funcionarios electos pensar por sí mismos, actuar en consonancia con su conciencia y ser factor de mejoría. Los reflejos autoritarios de origen exigen lealtad sumisa y la supresión de la identidad como base de negociación de las consideraciones morales.

Por su parte, los partidos políticos parecen no ocuparse mayormente limitaciones morales, ideológicas o políticas; lo que hace posible que el PAN y el PRD se alíen por aquí o por allá, postulando candidatos que más temprano que tarde revelan una naturaleza autoritaria que coquetea con el fascismo. Lo que demuestra que tanto el PRI como el PAN y el PRD no tienen mayores limitaciones ideológicas y menos aun morales para cometer infamias o adulterar los procesos de elección y representación. No se diga las políticas públicas. Los partidos políticos se han banalizado y degradado. Al estar simbióticamente vinculados con la elección de gobiernos es casi natural que abjuren de sus principios y degraden el camino hacia la verdadera democracia. México lleva casi 20 años de una larguísima transición fallida.

Los casos conspicuos son el gobernador de Puebla y el de Veracruz, que no han ni siquiera matizado o intentado atemperar sus impulsos autocráticos.

Entre alianzas pragmáticas sin equilibrio ni programa y candidatos ciudadanos independientes los partidos políticos tradicionales han corrompido el camino hacia la sanidad democrática.

Los candidatos independientes son significativos sólo cuando son verdaderamente anti sistémicos. Si el país va o no tener la ocasión de cambiar para mejorar dependerá de la capacidad juicio del electorado para salirse de la lógica planteada por el sistema y votar por candidatos anti sistémicos con experiencia de gobierno.