Política

Idiota

septiembre 08, 2017

Al gobierno estadunidense ha llegado un personaje soportado por la canalla blanca y por poderosas corporaciones industriales mundiales. Destacadamente petroleras, armamentistas, farmacéuticas y de tecnología alimentaria.

Ni en campaña ni como presidente, Trump ha ocultado su convencimiento de que el calentamiento global es un engaño. Hasta principios de junio, el hombre había twiteado 115 veces que el cambio climático es una farsa. Ya en 2012 había twiteado que "el concepto del calentamiento global fue creado por los chinos para hacer no competitivas las manufacturas estadunidenses." Por eso resultó más alarmante que sorpresivo que retirara a los Estados unidos del Acuerdo de Paris sobre el cambio climático firmado por los 193 países del mundo miembros de las Naciones Unidas; algo que equivale a enseñar el dedo medio al respetable en medio de una reunión de septuagenarias pertenecientes a la asociación de Santo Rosario.

Un hecho científicamente probado con consecuencias visibles y que si rebasa los dos grados Celsius equivale a pasar el punto de no regreso. Aceptado incluso por países que no se esperaba los hicieran como Rusia y Corea del Norte.

Apenas la semana pasada el huracán Harvey devastó Houston, Texas. Más de 50 mil ciudadanos evacuados provocados por el huracán más poderoso en 50 años. Pero mucho menor que el huracán que ahora vive en el Golfo de México, Irma.

¿Qué es lo que tiene que suceder para que la especie humana y sus gobernantes empiecen a aceptar que el cambio climático "quizá sea real"?

El huracán Irma es la tormenta atlántica más poderosa jamás registrada. Vamos, ese tipo de cosas que los científicos predijeron hace unos años: océanos cada vez más cálidos provocarán tormentas cada vez más poderosas. Un huracán como Irma tan poco tiempo después de Harvey es inquietante, por decir lo menos. "El huracán que ha roto todos los récords pasa ahora por Barbados, Puerto Rico y el Caribe, veremos qué pasa pero puede ser algo no bueno", dijo el señor Trump con los balbuceos que lo caracterizan. Todo esto pasa antes de que terminen de lidiar con el desastre de Houston.

Mientras, el presidente Trump amenaza con cerrar el gobierno estadunidense si el Congreso no aprueba el presupuesto para la construcción del muro. Falta por decidir si la amenaza obedece a una auténtica preocupación por el engaño o si lo que realmente quiere es irse de vacaciones a jugar golf sin que lo critiquen.