Política

Consummatum est

septiembre 07, 2017

Como ya es costumbre, en un anticlimático, soporífero y burocrático comunicado, la H. Junta de Gobierno de la Universidad Veracruzana –en un formato que bien parece acta de juzgado– dio a conocer el resultado del proceso de auscultación y selección para ocupar el cargo de rector a partir del 1 de septiembre, y hasta que la universidad aguante, que favoreció a la ahora reelecta Dra. Sara Deifilia Ladrón de Guevara González; así, con todas sus letras, a las que solo falta agregar algún título nobiliario.

El resultado no sorprende en sí mismo, dada la pobreza del elenco y la naturaleza conservadora y políticamente correcto de la Junta; pero, sin duda, da lugar a que muchos universitarios tuerzan la boca, algunos encojan los hombros, y otros menos celebren ridículamente la reelección, pues ello garantiza por otros cuatro años su sobrevalorada presencia en la nómina y su confortable estancia en los despachos de rectoría. Como la Dra. Sara Ladrón de Guevara parece no tener colaboradores sino una corte, sus miembros continuarán persiguiéndola denodadamente hasta la asfixia o el infarto en los múltiples actos que saturan su agenda.

No importa que la reelección, unción, o coronación de la rectora se haya procesado pasando por encima de fundamentadas y severas críticas a su gestión. Algo que, seguro, pasó inadvertido a los H. miembros de la Junta de Gobierno, quienes hayan sido estos. Salvo la abstención de Dra. Elena Rustrián Portilla y la Dra. Jaqueline del Carmen Jongitud Zamora, que algo habrán visto en la gestión de la ahora reelecta, que para nada les gustó.

Si se atiende con paciencia una de las notas al pie del mencionado comunicado de la Junta de Gobierno que hace referencia al artículo 28 de su reglamento, francamente no se sabe entonces a quién estaban evaluando. ¿En serio, consideraron que la Rectora responde a tan romántico perfil? Precisamente en este punto, el desempeño de este órgano resulta incongruente y decepcionante. Difícil imaginar que alguien se haya impresionado con el manejo de discurso de la Dra. Ladrón de Guevara, antes de dormirse al escucharla. Uno de los integrantes, el Dr. Mauricio Merino –lúcido y activo promotor de iniciativas a favor de la transparencia, la rendición de cuentas y el combate a la corrupción– al parecer no reparó en los quiebres del desempeño y en la deteriorada interacción que la Rectora mantiene con la comunidad universitaria.

Por la sospechosa secrecía en la que opera la Junta de Gobierno, resulta imposible aproximarse al contenido de los diálogos que mantienen para llegar a consensos. Sólo ellos lo saben. Entonces, no queda más que imaginar las escenas. Llegaron a Xalapa y se hospedaron cómodamente. Asistieron, puntuales, a las reuniones programadas. Luego, tal vez tomaban sus alimentos sin restricciones presupuestales e intercambiaban gozosos puntos de vista. Venían y se iban de la ciudad con la mayor comodidad. Al concluir su labor, los selectos miembros externos retornaron a su lugar de origen y, ya en corto y en confianza, quizá expresaron opiniones descarnadas o cínicas. Algo así como: "Qué desmadre se traen en la Universidad Veracruzana. Ni al cuál ir. Pero para no generar conflictos, optamos por la continuidad de la mediocridad".

Si la Dra. Sara Ladrón de Guevara motivó tan sobredimensionadas opiniones, entonces, ¿En qué nivel ubicaron a los demás contendientes? Dados los parámetros de evaluación, los otros dos aspirantes bien podrían sentirse subestimados; aunque sin duda aprendieron que colocarse en una contienda de esta índole implica asumir que no se trata simplemente de una competencia de méritos curriculares, sino que se requiere poner en juego la capacidad de utilizar capital político que se teje dentro y fuera de la universidad. Si son pacientes, la Dra. Rosío Córdova podría esperar otros cuatro años, mientras alcanza el nivel 10 del SNI que será el único existente en la U.V.; aunque no descarta una atenta invitación a colaborar con la rectora. En tanto, el Dr. Jorge Manzo podría seguir estudiando los complejos procesos cerebrales y así desentrañar las formas de razonamiento de la próxima Junta de Gobierno, como otro campo experimental.

Se necesita ser suficientemente mordaz e irónico para sobreponerse a esta clase de procesos que no están lejos de ser una tomadura de pelo a una comunidad pensante cuya crítica al actual rectorado ha valido el olímpico desprecio de la arqueóloga Ladrón de Guevara. Sin que esto sea un consuelo, se debe considerar que paralelamente la historia de la Universidad Veracruzana también registra un crecimiento exponencial de su aparato administrativo. Esto significa que, sea quien sea el Rector, este grisáceo equipo de contadores y abogados se ha impuesto como el verdadero núcleo operativo de la vida universitaria, ante el cual han sucumbido todos. Y la Dra. Sara tuvo el dudoso mérito de encajar y cobijarse perfectamente en esta estructura burocrática y atenerse a sus códigos.

A punto de romper en llanto en su toma de posesión y al utilizar una insufrible metáfora musical para explicar los disensos en su administración, la Dra. Ladrón de Guevara dio muestras que es capaz de asumir las críticas, pero sin la mínima voluntad de rectificación y capacidad de diálogo, lo que implica admitir que tiene en sus manos la batuta de una orquesta desafinada. A este drama protagonizado la sala Tlaqná, se agregó un acto de comedia cuando el Dr. Mario M. Ojeda interrumpe iracundo, indignado y se dice maltratado por la actual Rectora, luego de haber disfrutado, por lo menos, de tres lustros de estancia en las entrañas de la burocracia académica que no aportaron un gramo a esta Universidad, para luego retornar y ser nombrado Decano. ¿Y al Dr. Ricardo Corzo –secretario de la Junta de Gobierno– no se la ha ocurrido salirse de una vez por todas de las vísceras universitarias y dedicarse a tareas más nobles? De esos tamaños son los desplantes de tantos personajes que creen no ser observados y que suelen considerarse químicamente puros.

De plano, se está muy lejos de lograr que esta universidad llegue a ser representada y conducida por un científico, un humanista o un artista que a su vez posea una personalidad inteligente, sensible, elocuente, con sentido del humor, de trato educado y amable que salude a quien se encuentre en el camino y le dispense una sincera sonrisa. Soñar no cuesta nada; pero cuesta mucho más reconocer esta penosa realidad. Este idílico rector aún está por nacer ■