Política

Rodeados por el horror y el desatino

septiembre 04, 2017

Veracruz languidece a punta de horrores. Un escalamiento de la violencia que se ceba en la inocencia de las bajas circunstanciales, por accidente o por la costosa distracción de estar en el lugar equivocado a la hora equivocada; esto es, la calle camino a donde maldita sea la cosa. Sea que se pase el estado de no ser ya más por cualquier sicaro de tarifa castigada, o porque de camino a maldita la parte se topa uno con la intervención macabra del espacio público hecha por jovencitos meritocráticos con ánimo de ascender en el escalafón del sicariato.

El presidente presume de la reducción de la tasa de homicidios dolosos. El fin de semana veracruzano lo desmiente rotundo, al tiempo que el señor se desgrana en advertencias de "regresar al pasado", consciente de su incapacidad para todo y del fortalecimiento de la decisión de cambiar de régimen por la vía pacífica del voto, sin posibilidad de simulación con la oposición por acuerdo. Dice que el pasado es conocido y debe ser evitado, pero el único pasado conocido distinto a este churro es aquel del compromiso del estado de bienestar. Priísta, sí, pero de una cepa totalmente diferente que conoció de momentos luminosos con el desarrollo estabilizador y el Estado como garante del bienestar: la educación, la salud y la posibilidad real de progreso.

Hoy, una casta de gobernante de modernos convencidos de las bondades del mercado por encima de virtudes del Estado ha desencajado cada aspecto de la convivencia y reproducción sociales por la ofuscada imposición de una visión obtusa sólo eficiente para extender el perímetro de la pobreza.

En tal sustantividad, compartida igual por el país y por el estado, el senador Yunes Landa revela que el gobierno estatal ha tenido dinero suficiente –55 mil millones de pesos– para dar finiquito a parte de los pasivos heredados de la administración pasada. Más de 8 mil millones de pesos, denuncia el senador, parados generando intereses para ser usados con propósitos electorales.

El señalamiento del senador priísta es puntual y muy serio. Merece una desagregación precisa, una explicación entendible sin eufemismos de la razón por la que no son usados para atender las muchas necesidades públicas que son urgentes.