Política

¿Seguir confiados?

septiembre 02, 2017

Es importante este momento. A insistencia del gobierno de los Estados Unidos se renegocia el TLCAN. Por nuestra parte estamos firmes en no dejar que se esfumen en tal proceso las ventajas que hemos consolidado. Queremos reafirmar los elementos del Tratado que le dieron sentido y validez.

Lo que estamos haciendo con estas nuevas pláticas en que participamos los representantes de los tres países es confirmar que el continente de Norteamérica está destinado, por inevitables fuerzas de geografía y economía, ciertamente no culturales, a alojar nuestras tres comunidades en un gran espacio común de esfuerzos mancomunados.

No puede negarse la conveniencia evidente para México de participar en un mercado que sume a los tres países. Más de 450 millones de consumidores son los primeros en aplaudirlo. La variedad de las opciones que encuentran en las tiendas y los malls esparcidos por toda la república es el fruto tangible de la globalización. Ahí expresan su poder de compra.

El esfuerzo del gobierno para lograrlo fue definitivo. Acondicionó todo el esquema económico desde sus bases para instalar los mecanismos que el TLCAN requería. La adhesión al GATT en 1985 preparó la transformación de México de ser un país relegado a condiciones de irreparable atraso a ser uno que se entrega a la tarea de transitar con decisión el camino que nos llevó a figurar como miembro prominente en el escenario mundial. Este paso consciente fue tan central como el que se tomó al terminar la II Guerra Mundial, de emprender el proceso industrializador.

Un somero repaso de las estadísticas lo confirma el éxito alcanzado: las ventas de México a sus dos mercados norteamericanos en los 23 años de vigencia del acuerdo se han multiplicado varias veces, al igual que han crecido las inversiones, todo ello especialmente de los Estados Unidos a los que dirigimos más del 80% de nuestras exportaciones.

Se ha cumplido en buena medida la misión que se le asignó al TLCAN desde su inicio: estimular el crecimiento socioeconómico y, haciéndolo, crear empleo, crear una nueva imagen del país y situarlo en lugares de importancia en el consorcio internacional.

Pero el costo ha sido alto. El TLCAN significó abandonar todos los elementos que conformaron el proceso de desarrollo basado en la creación de la planta industrial nacional con políticas específicas diseñadas para ese propósito, y que a partir de 1994 quedaron sustituidas con principios diametralmente contrarios que expusieron prematuramente a la planta industrial a la cruda competencia internacional sin tomar en cuenta la gradualidad y preparación que se requería.

El drástico viraje fue decidido por el gobierno mexicano, no por la comunidad industrial. El desarme tarifario, la eliminación de las protecciones arancelarias y administrativas fue a resultado de la sintonía nacida entre compañeros de ambos países en escuelas extranjeras y que habrían de diseñar e instalar el nuevo régimen económico incorporando modelos europeos y norteamericanos a un nuevo esquema nacional.

Hay también que entender que mucho del éxito del TLCAN no radica tanto en nosotros sino en las muchas empresas extranjeras, especialmente las de los Estados Unidos, que, buscando su conveniencia, han desarrollado la ventaja geográfica y el potencial de nuestros recursos humanos y materiales que durante innumerables décadas nosotros debimos haber realizado.

Frente al aumento de las exportaciones que el TLCAN estimuló y de sus beneficios para muchos, hay que reconocer el costo que el proceso significó.

La historia es conocida. El comportamiento de nuestra comunidad industrial, con pocas y muy admirables excepciones, ha sido de un lento y cómodo paso confiado en la cercanía del mercado seguro al norte y en la paciencia del comprador nacional.

Los hechos están a la vista. Las exportaciones manufacturadas de México siguen constituidas mayoritariamente por componentes extranjeros. Las decisiones sobre cuáles, dónde y cuántos de nuestros recursos hay que explotar se toman en oficinas extranjeras. Para eso se hizo el Acuerdo. Los esfuerzos del empresariado mexicano por diversificar sus exportaciones siguen lentas, como si no calaran ni importaran las sacudidas que amenazan desde Wáshington.

Sí, el TLCAN se renegocia pero, no hay que decirlo, en la secreta convicción de que continuará. Con o sin "modernizaciones".