Política

La mujer como obra de arte

agosto 12, 2017

Una obra de arte se construye con arcilla, cincelando la piedra o armonizando colores. Un ser humano puede ser una obra de arte, o un bodrio. En particular, la mujer suele encontrarse en calidad de obra de arte. No quiero referirme a las que por el artificio de los cosméticos y de los caprichos de los modistas se convierten en arquetipos de cursilería, quiero referirme a aquellas que alcanzan la belleza con sus sacrificios, bondad, valentía y dignidad.

Pero sobre todo, quiero referirme ahora a esas muchachas que desde las cumbres de Chiapas, o de las estribaciones de Orizaba llegan a las ciudades manteniendo el respeto a la tradición de su traje regional, que es nacional, con sus blusas bordadas, o de encaje y cintas primorosamente tejidas. Mujeres inconfundibles por la gracia y dulzura de sus rostros, por el cuidado de sus peinados y por la limpieza de su ropa. La mayoría son jóvenes, algunas cargando ya con el producto de un desafortunado o afortunado enlace.

Si bien, a juzgar por la dulzura, también de los jóvenes consortes, la aventura comercial de estas emprendedoras parejas les mantiene en una sólida unión. A diferencia de la mujer mestiza que carga el baldón del machismo hispano, estas mujeres nativas, ya sean zapotecas o tehuanas, o "marías", no dependen del varón y esta igualdad productiva las libera del conflictivo status de la dependencia. Estas mujeres y estos jóvenes que vienen de Chiapas al puerto de Veracruz y a Xalapa, constituyen un ejemplo de la voluntad de sobrevivencia honrada a la crisis laboral que padece nuestro país. Estos muchachos no emigran de su patria. En nuestro caótico desorden cultural, en el que la identidad está en una licuadora, su presencia en nuestras ciudades merecería no el despotismo, evidencia de la incapacidad estética y humanitaria de los alcaldes serviles a las clases explotadoras, que las hostilizan y humillan, si no el respeto a los derechos humanos que obligan a la no discriminación, el derecho al trabajo y las consideraciones especiales sobre las personas en situación vulnerable.

Es una lástima que los esfuerzos por dar una imagen agradable para el turismo resulten frustrantes cuando el visitante se encuentra con la desagradable crueldad de los esbirros de los alcaldes. Estas mujeres deberían ser consideradas dentro del patrimonio cultural intangible por aportar belleza e identidad a las ciudades.

Observando a uno de estos inspectores que repetidas veces había expulsado a una joven vendedora farfullándole: ¡eres una necia, hasta que no…! y le recriminé sobre su proceder, me contestó simplemente señalando con el dedo hacia arriba.

Y yo me digo: ¡donde está la Comisión de los Derechos Humanos?