Política

Suicidio asistido: prueba decisiva para la libertad personal

agosto 05, 2017

La eutanasia y el suicidio asistido se refieren a la anticipación deliberada de la muerte, pero las razones de cada caso son completamente diferentes. La eutanasia generalmente depende de una autoridad, alguien que decide que la vida de un individuo es un problema para la comunidad o su familia, y no vale la pena invertir tiempo y recursos médicos para preservarla. Tal es el caso de los infantes que nacen con discapacidades o trastornos genéticos, el parecer de algunos médicos es que se tiene que suprimir a los humanos que porten genes "indeseables".

El suicidio asistido, a su vez, debe entenderse en otro contexto de ideas completamente diferente. Sin embargo, aún hay mucha confusión al respecto, y las discusiones sobre la eutanasia y el suicidio asistido están marcadas por la emotividad en demérito de consideraciones raciones que pueden llevar al planteamiento correcto del problema.

A pesar de que el sufrimiento siempre ha sido parte de la existencia humana, en la actualidad puede enfocarse desde la óptica de la decisión libre y consciente de las personas, y no bajo imperativos morales que en algunas circunstancias excepcionales pierden su carácter de validez absoluta. ¿Por qué no es bien visto escoger el tiempo y forma de la muerte? ¿Por qué aún persiste el rechazo social a esta solución?

El suicidio asistido se basa en que un médico proporciona, a voluntad del paciente, una dosis letal de barbitúricos para que éste se lo administre a sí mismo. Para poder llegar a este punto, existe un protocolo en el que el médico tratante debe evaluar la salud física y mental del paciente, proporcionarle información acerca del procedimiento, y por último, confirmar la petición. Esto se realiza acatando las lecciones de la experiencia y el conocimiento psicológico pues, los pacientes deprimidos son más propensos a querer tomar esta decisión que en algunos casos puede llegar a ser precipitada. Sin embargo, los motivos que llevan a un paciente a considerar el suicidio asistido no se limitan a los psicológicos, sino también a circunstancias como la pérdida de control sobre su cuerpo, dolores agudos y constantes, incapacidad de valerse por sí mismos, todo lo cual menoscaba su dignidad.

Actualmente el suicidio asistido es legal en siete estados de la Unión Americana y cuatro países europeos, entre ellos Suiza, hogar de la conocida clínica Dignitas, creada el 17 de mayo de 1998 por el abogado Ludwig Minelli, con base en la idea de que hay que morir y vivir con dignidad.

Dignitas proporciona asistencia psicológica y legal, tanto a los pacientes como a sus familias, y están comprometidos a acompañarlos hasta que el paciente se administra el pentobarbital sódico por vía oral, intravenosa o en una sonda gástrica.

La base legal de Dignitas recae en el artículo 115 del Código Criminal Federal Suizo que estipula lo siguiente: "Cualquier persona que ayude a otra a cometer suicidio de manera no egoísta no podrá ser procesado".

La idea de la muerte digna se justifica plenamente según pensamos, ya que es inhumano forzar a un semejante que prolongue su sufrimiento. ¿Dónde termina nuestro respeto a las decisiones ajenas y empieza nuestro egoísmo? Por más empatía que podamos sentir hacia la enfermedad de otra persona, nosotros no somos las personas que cada día sufren por los estragos físicos y morales que causa una enfermedad terminal. Por lo tanto, no es correcto juzgar a alguien que decide terminar su vida porque el hecho de "vivir" en ese cuerpo que ha sido despojado de los más elementales deleites vinculados al organismo sano se transformó en una carga para el enfermo y sus seres queridos. El vivir pleno supone un estado de salud apropiado para edificar sobre él las experiencias más elevadas de una vida humana.

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