Política

Corrupción, obsesión compulsiva

julio 13, 2017

Se ha dicho en este espacio editorial que el llamado sistema político mexicano no es tal, acaso apenas la mueca distorsionada de lo que alguna vez fue un sistema político en formación con severas cortedades el cual, por la actuación deliberada de individuos y grupos políticos aglutinados en un partido político, es una abigarrada urdimbre de complicidades con el doble propósito de apropiarse del dinero público y asegurar impunidad por ello.

Con menos de cinco años de haber retomado el Poder Ejecutivo del gobierno, el PRI ha ofrecido plenitud de pruebas y casos que demuestran la afirmación.

Con el concurso de varias empresas constructoras españolas, el priísmo del estado de México y el Partido Popular Español crearon un sistema de fondeo electoral para ganar elecciones y una vez hechos del poder, destinar cantidades billonarias de dinero público para la operación política y la bonanza de empresas españolas y actores políticos privilegiados. En el país, participan de esto los partidos políticos que firmaron el Pacto por México y los altos mandos de la burocracia gubernamental.

Se utiliza el poder público para obtener dinero que por un lado financie ilegalmente las campañas políticas, se asegure con ello la manipulación del voto, el ganar elecciones y, desde ahí, retribuir a empresas corruptas con contratos de construcción de obra pública.

Se construyen carreteras ofensivamente caras para el usuario como el caso Xalapa-Perote, o el libramiento de Xalapa, defectuosas y con muy graves problemas de origen. Hay varios casos sonados al respecto. La red de corrupción PRI-OHL en el estado de México con el Circuito Exterior Mexiquense y el Viaducto Bicentenario; la presencia de OHL en Veracruz con las obras arriba mencionadas; y, en el colmo del mal fario, el Paso Exprés de Tlahuica en Morelos que ayer colapsó con un socavón y causó la muerte de dos automovilistas que cayeron en él.

Tal paso fue construido por la empresa Aldesa que, al igual que OHL, es de origen español. La construcción de marras no sólo causó la muerte de dos usuarios sino que ha afectado estructuralmente las casas de los vecinos. Originalmente se habían presupuestado un mil 500 millones de pesos; se concluyó con retraso con un costo 800 millones de pesos superior.

O el caso del sometimiento de la ciudadanía a un espionaje tecnológico de alta sofisticación por medio de la instalación de un malware en los teléfonos móviles capaz de monitorear no sólo las llamadas, sino las conversaciones presenciales por medio de activar el micrófono y la cámara del teléfono, sin que el dueño se aperciba de ello.

Un caso cercano más rupestre pero no por eso menos irritante, es el de los diputados locales veracruzanos que triplican las percepciones salariales del gobernador pero que reportan apenas la cuarta parte. Dicen ganar 58 mil pesos cuando en realidad reciben más de 240 mil.

Un sistema de simulaciones formales y acuerdos informales que ha puesto al país en condiciones miserables. Abyectas incluso si recordamos la invitación del ahora canciller a que Donald Trump visitara México en plena campaña, o la vigorosa reiteración de que el muro de la ignominia habrá de ser construido pero que ni el presidente ni el canciller en aprendizaje, oyeron en la reunión del G-20.

La corrupción no es el único mal de México, pero sí es la variable determinante que explica sin resquicios las dinámicas y procedimientos para hacer las cosas. Los costos son abrumadores y los pagadores son los gobernados. Siempre.