Política

Los restos del rotundo fracaso

julio 11, 2017

Según un integrante del "Programa para la erradicación de trabajo infantil en agroindustrias", existen en Veracruz alrededor de 25 mil niños empujados al trabajo por la precariedad económica familiar. La misma fuente, Tonatiuh Magos, afirma que a nivel nacional son 300 mil. Si bien reconoce que las cifras son sólo aproximaciones, hay razones para imaginar que la realidad es mucho peor. Basta con pensar en que más de la mitad de la población del país vive en condición de pobreza y que un porcentaje muy significativo de ella es pobreza multidimensional. Eufemismo de tufo tecnocrático mucho más fácil de aceptar que el llano concepto de miseria. La fuente pertenece a una organización de gestión social llamada World Vision, de origen cristiano humanitario, dedicada al desarrollo y gestión para mejorar la calidad de vida de los niños y sus familias en el mundo.

El caso mexicano debe resultar particularmente dramático porque a la miseria producida por el apego a un modelo económico a todas luces equivocado, se agrega el empobrecimiento exponencial de la población trabajadora en todos sus niveles. Modelo que los tomadores de decisiones se han empecinado en imponer durante tres décadas, a pesar de sus evidentes resultados. Cosa que no debe extrañar si nos atenemos al pensamiento inhumano neonazi de organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional y la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos. Baste recordar la conmovedora frase de Christine Lagarde, directora gerente del FMI, quien hace apenas un mes dijera que "los ancianos viven demasiado tiempo y eso es un riesgo para la economía global y que tenemos que hacer algo ya". Léase eutanasia.

Padecemos la lógica de tomadores de decisiones convencidos de que la única forma de que las cosas funcionen es el crecimiento económico. La lógica del sistema que agota recursos naturales y humanos para sostener tasas de ganancia distorsionadas. Que produce riquezas y burbujas financieras depredadoras para concentrarlas en menos del uno por ciento de la población tiene tanto dinero como todo el resto de la población mundial. O, si se prefieren cifras menos dramáticas, el 82 por ciento de la riqueza mundial se la apropia el 20 por ciento de población del planeta, cosa que da lugar también a los ricos a secas.

Los gobernantes y sus faunas de acompañamiento de las cuatro décadas recientes son los responsables de los las dinámicas de depauperación en México. No basta con la queja ciudadana y critica académica. Es preciso articular abiertamente proposiciones de políticas públicas alternativas y ventilarlas abiertamente, más allá de los cubículos de la academia o de la necedad de un puñado de personajes más o menos desparasitados.

Son estos asuntos de interés público insoslayables si es que se quiere dar una expectativa más o menos viable a la especie. La indiferencia condena.