Política

El arte de la conversación

julio 03, 2017

Para CNR.

Cuándo fue la última vez que en medio de este tiempo volátil, difuso y lleno de ruido, dos personas ejercieron el arte de la conversación? Y no, no me refiero a esa asquerosa pedantería académica que ahora llaman conservatorio, que no es otra cosa que cualquier mesa redonda donde sesudos personajes (des)articulan un discurso y a la manera de los peces del villancico, citan y citan y vuelven a citar, perorando larguísimas e ininteligibles falacias de autoridad donde todo queda ceñido a como dijo Fulanito o como postula don Menganito, no. Me refiero a algo que siendo eventualmente privado puede desarrollarse también en público y para un público.

¿Y qué otra cosa es conversar sino el fino arte de intercambiar opiniones, experiencias o preferencias alrededor de una mesa de café, delante de una vasta audiencia o frente a los micrófonos en la radio o ante las cámaras de televisión en un espontáneo vis a vis?

Bueno, pues algo así o más que algo así, ha de decirse, fue lo que hicieron en repetidas ocasiones Ricardo Piglia (1941-2017) y Juan José Saer (193-2005).

Todo comenzó, dice Ricardo Piglia en el texto introductorio a Por un relato futuro Conversaciones con Juan José Saer (Anagrama 2015), el día en que "estuvimos en la vieja Facultad de Filosofía y Letras de la calle Viamonte, y después fuimos a cenar al Dorá…"; lo recuerda de manera más sucinta el propio Piglia en Años de formación, el primer tomo de Los diarios de Emilio Renzi, la maravillosa autobiografía que en tres tomos ha emprendido Anagrama desde 2015. Así planteado el asunto, ya se decía, Piglia lo plasmó a bote pronto en la entrada del viernes 16 abril de 1965: "Anoche una mesa redonda en la Facultad de Filosofía y Letras para presentar La lombriz, el libro de Daniel Moyano que editamos en Nueve 64…Saer se mandó un par de chistes de mal gusto pero luego seguimos discutiendo en varios bares y terminamos comiendo en El Dorá".

Por un relato futuro compila tal y como en el prólogo señala Patricia Somoza, la serie de diálogos públicos que a lo largo del tiempo sostuvieron Piglia y Saer en diferentes momentos. "Pueden ser leídos –dice Somoza— como una conversación única sostenida a lo largo de los años, escandida por los viajes y circunstancialmente interrumpida por la distancia".

De un modo u otro, lo mismo Borges que Piglia o para el caso Patricia Somoza, es claro que "En la tradición argentina de las conversaciones entre amigos que duran la vida entera, Piglia y Saer acudían a esos encuentros sin nada especialmente preparado para la ocasión", de ahí la espontaneidad y la fluidez en los cinco diálogos que el libro registra: Por un relato futuro, La forma de la pulsión, La tradición de los escritores, Sobre vanguardia y novela, y, finalmente, Literatura política hoy".

Se trata, en todo caso de una larga conversación, de las postas de un diálogo en el tiempo con un tono que, académico por momentos, carece de ampulosidad y pedantería y que incluso desborda buen humor cuando por ejemplo al hablar Piglia de la experiencia de la lectura de Saer, dice: "…uno sabe que en otro lugar hay alguien que está escribiendo unos textos que uno tiene muchas ganas de leer. Al expresar eso, uno vacila, pero es importante". A lo que Piglia responde con buen humor: "Nos estamos echando unas flores" y Piglia responde que tampoco a él para luego derivar, a efecto de hablar lo mismo de lugares que de relatos, la relación de ambos con el campo para luego hablar, por supuesto, de las ciudades y lo que para efectos literarios pueden representar éstas.

Hay por supuesto referencias que el lector, o en su caso, el oyente habrán seguido o seguirán para a la distancia entablar su propio diálogo con los escritores, leerles con más atención; buscar con ojo de detective –todo buen lector lo es— los intersticios donde sus obras aparecen señaladas como parte de una conversación puntual y erudita que un lector informado puede seguir sin tropezones.

¿Qué quiere decir esto? Que quien se quiera adentrar en la obra de Piglia o de Saer, o en la de ambos, ha de partir del supuesto que si bien es cierto se trata de construcciones estilísticas diferenciadas, no se trata de lecturas fáciles o de autores que no exijan un esfuerzo de comprensión de sus mundos aunque no necesariamente una aceptación ciega o apriorística de su escritura de su obra. Antes bien, el dato central de Por un relato futuro supone la posibilidad de sumarse a la conversación desde la lectura y el acercamiento a las obras de Piglia y Saer.

Bajo estas premisas nada más dable de plantear que Por un relato futuro abre la posibilidad de entrometerse en el diálogo y cuestionarse desde la óptica del lector y la del escritor, de qué estamos hechos, de dónde proviene nuestro ánimo lector y hacia dónde puede llevarnos esta conversación u otras; todo lector y todo escritor sostiene con sus libros y sus autores una diálogo esencial y único –poliédrico, inacabable— pues son esos diálogos, esas conversaciones, los últimos espacios para la intimidad y la lectura; una conversación que requiere de la vastedad del silencio lo mismo en público que en privado. (Ricardo Piglia, Por un relato futuro Conversaciones con Juan José Saer, Anagrama (Colección Argumentos), Barcelona, 2015, 129 pp.)