Política

Política, sin límites

junio 18, 2017

Como principio, el pragmatismo tiene la idea de ocuparse de las consecuencias prácticas del pensamiento. Para el pensador pragmático la verdad sólo es en cuanto la eficacia y valor del pensamiento en la vida. Fuera de eso, la verdad es irrelevante, o punto menos.

Es un pensamiento peligroso porque con demasiada frecuencia desautoriza las consideraciones éticas que ponen límite al quehacer político; y el quehacer político sin ética es demasiado cercano al nacional socialismo y al estalinismo. El pensamiento pragmático es opuesto al pensamiento filosófico y es imposible hacer política coherente en beneficio de los gobernados. Hay demasiadas tentaciones cortoplacistas que reclaman de un sentido chabacano de la vida.

Cuando las carreras y trayectorias de los llamados políticos no dependen de los electores sino de las componendas y arreglos partidarios, se pervierte la razón y el principio del quehacer político. No hay rendición pública de cuentas y la disociación de los representantes y gobernantes elegidos para con los electores se ensancha hasta hacerla nugatoria.

Hay políticos referenciales a los que se califica de pragmáticos. Winston Churchill, por ejemplo. Es impreciso, Churchill era un hombre consciente de los peligros singulares que enfrentaba la humanidad en los años 30 y 40 del siglo pasado. Su política de alianza con Stalin fue casi forzada por Roosevelt, la operación Barbarroja había dado la ocasión. Stalin y Hitler eran lo mismo, pero si Stalin iba contra Hitler, bienvenido Stalin. Su paso por el Almirantazgo durante la Primera Guerra Mundial y la tragedia de los Dardanelos muestran su lado no determinado por lo pragmático. Pasa igual con sus comentarios sobre judíos, aborígenes australianos y pieles rojas.

En un contexto donde la práctica política está disociada del interés público y en donde las contradicciones son irrelevantes por desmemoria, el pensamiento pragmático es ponderado entre tomadores de decisiones.

Así, el respetable topa de pronto con las intenciones del gobierno panista para reclutar para el PAN a quien el sistema de complicidades refugió en una impensada diputación de la patente de Nueva Alianza. A Vicente Benítez, ex tesorero del impresentable gobierno de Javier Duarte, quien en su momento fue protegido por la cáfila de sus pares para evitar fuera cuestionado por su inexplicada riqueza en bienes raíces en Costa Rica.

Todavía hace apenas unos meses, se esperaba fuera detenido porque aún no gozaba del fuero de la impunidad que se les confiere a los elegidos por voto popular.

El gobierno panista tiene al parecer la intención de evitar que Morena se haga cargo de la Junta de Coordinación Política y mantener el uso de los recursos públicos fuera del alcance e influencia de ellos. Lo que revela sin piedad los reflejos antidemocráticos que definen a los partidos y actores políticos y su inmensa dificultad para procesar las diferencias.

En condiciones así, la alternancia es un mero trámite administrativo y de eventual ajuste de cuentas, no un paso hacia la normalidad democrática.