Política

Desprotección contundente

junio 17, 2017

Con frecuencia se alude a los reflejos de machismo en el modo de ser mexicano. Y sí, hay desde luego un modo predominante de cultura del privilegio masculino. Pero más allá del estudiado y explicado machismo nacional, hay rasgos de la cultura en las formas de relación social realmente preocupantes. Rasgos que más allá de la caricaturización de un defecto nacional, rayan en la franca condena a las mujeres por el mero hecho de serlo. Probablemente se percibe menos en el contexto urbano profesional, pero es una realidad presente en la mayor parte del país y en la mayoría de los grupos sociales.

La consecuencia es la descalificación subyacente de las mujeres. Pero si se es mujer y se pertenece a un pueblo originario el problema puede llegar al absurdo sistémico.

La principal expresión de discriminación nacional no es contra la extranjería sino contra las mujeres. No es xenófoba sino misógina y profundamente racista.

En febrero de este año, el titular de la PGR reconoció la inocencia y ofreció una disculpa pública a tres mujeres indígenas que pasaron más de tres años en prisión y un juez exigiera que la institución ofreciera una disculpa pública por su encarcelamiento. La PGR se negaba a indemnizar y reconocer la inocencia de las mujeres Jaconta Francisco Marcial, Alberta Alcántara Juan y Teresa González Cornelio, a quienes había encarcelado bajo los cargos de amenazas contra policías ministeriales.

No hace mucho el Ciesas daba a conocer que 18 millones de indígenas sufren discriminación práctica sobre bases diarias en el país.

Ayer se dio a conocer que Reyna Panzo, indígena nahua originaria del serrano Tehuipango, había sido puesta en libertad luego de pasar 11 años cinco meses encarcelada.

Sin hablar español y sin la ayuda de un traductor, fue acusada por homicidio doloso luego de haber abortado involuntariamente. El abogado que le asignaron de oficio no hizo nunca uso del recurso de apelación para revisar el caso.

11 años de vida de una mujer indígena que el sistema le escamotea con total indiferencia y sin el menor viso de arrepentimiento y sin haber visto jamás la cara del juez que la condenaba. En la completa indefensión de una justicia deshumanizada y burocratizada. En México la principal causa de encarcelamiento es la pobreza. Si se es mujer es un agravante, si se es indígena la cosa es mucho peor.

Hay razones para suponer un total desequilibrio y distorsión del principio de justicia. El estado debe considerar seriamente la indemnización que repare el daño.