Política

La faena

junio 13, 2017

Gobernar en el estilo de Miguel Ángel Yunes Linares, entre la ceguera política y el desvarío ético no sólo daña los cimientos débiles con que se está, penosamente, construyendo la democracia en Veracruz sino que prolonga la severa crisis moral de las instituciones en el estado que, se pensaba, tuvieron en el sexenio de Javier Duarte el tope máximo al que podía llegar la soberbia, la egolatría, la impunidad y la apropiación del erario para beneficio de una camarilla, en este caso del gobernador, de su familia como eje rector para la toma de decisiones... Yunes llegó al poder más que con el bono de un voto bien razonado debido a sus dotes de estadista limpio y político demócrata, como una reacción masiva a castigar al saqueo y la corrupción del grupo duartista cuyos miembros por cierto, no están todos en chirona... Aunque fue una votación dividida en tercios la del año anterior, le fue suficiente para llegar al gobierno con algunos objetivos claros en mente: vengarse de lo que llama "afrentas y calumnias" cometidas desde el centro del poder desde donde le endilgaron notables campañas aprovechando sus lados flacos. Para ello aprovechó muy bien las condiciones de impresentables de la que gozan los principales cabecillas del duartismo y en esa ruta ha seguido desde que llegó a la gubernatura, utilizando a manos llenas las evidencias del robo como distractor, dado que no ha hecho absolutamente algún cambio que distinga a su gobierno del de Javier Duarte, mientras supone construir, sin que nadie lo perciba, un piso que le permite poner a su hijo, el alcalde Boca del Río, como candidato a la gubernatura, y él mismo generarse condiciones para, cuando menos, alcanzar alguna secretaría de Estado, en el remotísimo caso de que la alianza PAN-PRD se mantenga hasta la elección presidencial. ¿O acaso el PRD va a cancelar la candidatura de Miguel Mancera para apoyar a Margarita Zavala o a cualquier otro panista?... En cuanto a la ceguera política, es obvio que el mandatario no tiene claro que en tan sólo seis meses las condiciones políticas que dejó el duartismo se convirtieron en las suyas, creadas por su particular estilo de gobernar, recurriendo a la mano dura que tanto aprecia contra todo lo que identifica como enemigos –la misma que utilizó indiscriminadamente como secretario de Gobierno en el chirinato y que supuso le redituaría bonos políticos con sus jefes priístas- pero sobre todo su visión del ejercicio del poder patrimonialista y dado al uso del erario tanto para beneficio familiar como inversión a mediano plazo en proyectos políticos... El discurso basado en castigar o encarcelar a los rateros duartistas ya se agotó; en tanto no ofrezca resultados concretos a la ciudadanía y cumpla cuando menos el uno por ciento de todo lo que prometió en su verborréica campaña, sus dificultades para instituir un linaje familiar se irán difuminando en la misma medida que crece el descontento y la decepción ciudadana en su gobierno... Como se decía, otro de los pasivos del gobernador Yunes es su desvarío ético. Le pesa sobremanera el pasado, su asombrosa fortuna ganada a pulso haciéndole el trabajo sucio a Felipe Calderón –quien le toleró el pillaje cometido en el Issste– y a Enrique Peña que le mantiene reservado el expediente a cambio de que se dedique a golpear y enfrentar a López Obrador... Sólo que entre ambos hay una gran diferencia de tonelaje pues con todo lo que se diga del tabasqueño, de su estilo, su intolerancia, no se le ha podido comprobar fehacientemente algún acto de corrupción, a diferencia del mandatario veracruzano que, dicen sus adversarios políticos, cada día se parece más a Duarte cuando niega la evidentísima inseguridad y la imparable ola de asesinatos, la incompetencia de sus principales allegados, la ausencia de obra gubernamental, etc... Y es que en esa enfermedad que tanto cuestionó a Duarte y le redituó cierta simpatía popular, al exdirector del Issste lo perseguirá siempre la sombra de la duda en torno al origen de su gran riqueza; de su comportamiento personal con quienes en su momento fueron sus favorecedores (Patricio Chirinos, Elba Esther Gordillo, Josefina Vázquez, Margarita Zavala...) y sobre la de anteponer sus ambiciones personales y familiares a las de una colectividad que ya no le compra sus engaños pues el llamado de "Al ladrón... Al ladrón..." se le puede quedar en las manos.