Política

Frustados y fallidos

junio 13, 2017

Veracruz es, junto con Tamaulipas, de los estados que más han resentido el horror de la equivocada por estulta aproximación al problema del crimen organizado basado en el enfrentamiento directo y el escalamiento de violencia, aleatoria en su mayor parte.

El padre Solalinde, Las Patronas, y otros muchos civiles y religiosos preocupados y ocupados por el mejoramiento de las cosas han señalado la atrocidad continua en la que vive la sociedad veracruzana.

Hace poco más de un año en que el impulsor de la Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, Juan Carlos Trujillo, decidió que fuera en Veracruz la primera búsqueda realizada por la brigada, incentivado por la desaparición de dos de sus hermanos en 2010, poco antes del inicio del peor gobierno de la historia del país: el de Javier Duarte.

La Brigada, formada por especialistas de diversos estados –Michoacán, Guerrero, Sinaloa, entre otros– se ha dedicado a buscar con los recursos a su alcance en las sedes del horror, los cientos de lugares de inhumaciones clandestinas. Desde entonces calificó al Veracruz como la sede del horror.

Seis años después, Trujillo Herrera remarca que este estado pasa por una severa crisis de indiferencia, léase deshumanización, y consecuente descomposición social de la que son responsables los tres últimos gobiernos priístas. 18 años continuados de entropía.

Las inhumaciones clandestinas se encuentran por todo el estado. Si eso sucede es, entre otras cosas, porque las autoridades sencillamente no tienen el control sobre el territorio. Se perdió hace mucho tiempo y el sexenio anterior lo profundizó.

Desde cualquier punto de vista, sea el de seguridad pública, el económico o el institucional, Veracruz es un Estado fallido. Lo es, por méritos propios y porque el Estado mexicano también es fallido. Sean los 43 de Ayotzinapa, o los infantes de la guardería ABC en 2009, o las mujeres violadas cuando el desalojo de San Mateo Atenco, o Aguas Blancas, o Acteal, o la casa blanca, o Duarte, o Borge, el Estado mexicano ha sido consistentemente incapaz de hacer valer las leyes, impartir justicia y desalentar el delito y los comportamientos antisociales y contra el Estado de los gobernantes.