Política

Politika Económika

junio 10, 2017

La postneta: el Estado Nación versus el Estado supranacional

A mis alumnos de Macro y

Política Económica del Colver

La "guerra fría" del Mercado contra el Estado fue ganada en la primera década del XXI por el Mercado, y en lo que resta del siglo viviremos sus graves consecuencias. El Estado nación se cocinó a fuego lento en la historia pausada del siglo XIX mientras que el Estado supranacional es un producto fast-food gestado en la acelerada transformación de las TIC –situación aún no reconocida como lo que es, una auténtica revolución- en este siglo revuelto que absorbe y consume nuestra manera de vivir y convivir, de pensar y de sentir. De ser y estar en el mundo.

El Estado supranacional no es un ideal de la ONU, es más bien su antítesis, como lo es también de la Universópolis que imaginó José Vasconcelos: la raza cósmica no habitará esa utopía, sino Anglotown, (también imaginada por nuestro pensador), donde el supra Estado asienta su imperio global. La capital de esta distopía es Silicon Valley y los primeros Estados supranacionales son: Facebook, Google, Amazon, Apple, Microsoft, aun sin acta de Constitución política, pero, ¿necesitan ese anticuado instrumento? Los conceptos políticos que le dan estructura fundacional a estas mega corporaciones están siendo diseñados por la arquitectura cibernética, pero ya están dadas las bases del Estado policial conformado por ciudadanos, informantes a su pesar, y por la economía global más poderosa.

¿Por qué Estados supranacionales? Porque están ubicados en todo el mundo, porque la lógica económica tanto de su producción como de su consumo y, sobre todo, de sus finanzas, es global. Animales como el DonaldsaurioTrump, creen que se puede regresar al siglo XX, pero sus nietos empresarios que fabrican en todo aquel lugar que minimice sus costos, y que venden sus productos en todo aquel lugar que maximice sus ganancias, están muy lejos de regresar al otrora próspero centro industrial, y aún rechazan al muro de la calle de Nueva York de sus contemporáneos.

En el primer trimestre del 2017 Apple tuvo un ingreso de 78 mil 400 millones de dólares lo que lo ubica en el primer lugar de las empresas más ricas del mundo, mientras que el Producto Interno Bruto (PIB) de Chile, en el último trimestre del 2016, fue de 63 mil 912millones de dólares; Alphabet, matriz de Google, reportó 24 mil 750 millones de dólares entre enero y marzo de 2017, mientras que el PIB de Eslovaquia es de 19 mil 467 millones de dólares. Microsoft con 23 mil 560 millones en ingresos en el primer trimestre del 2017 se puede comparar con el PIB de Costa Rica registrado en el último trimestre del 2016 por la cantidad de 14 mil 508 millones de dólares. Amazon se encuentra en la cuarta posición.

Y estas cifras, estos hechos (véase Fundación Global Justice Now), son la materia nada virtual de los Estados supranacionales: se trata de una posverdad con el peso de la evidencia empírica; y ellos lo muestran al mundo como si fuese una verdad pasajera: es tan sólo lo que "ahorita" está hasta arriba en el trend del Whats App. Pronto desaparece: ese es el significado de la posverdad. Pronto desaparece su face, sustituida por lo de ahorita mismo. Facebook y Twitter trasmiten de manera tan veloz la información que hacen parecer a los periódicos de papel como pura historia. Los ciberciudadanos de Anglotown, Cosmópolis, "viven" –están atrapados- en las redes sociales, en la ilusión de los smart phones manipulados por zombies.

Ahora los Estados supranacionales, en un remedo vacío del ecumenismo, permiten que cada fiel pueda acudir a la búsqueda de su propia verdad en su propia parroquia de internet, a la hora y el lugar que quiera. El crítico Domínguez Michael, al comentar el libro Libertad de Palabra de Garton Ash, que gira sobre el tema de este artículo, escribió en Letras Libres de abril sobre "el mercantilismo de Silicon Valley, tan hábil para hacer pasar un interesado relativismo moral por universalismo".

Lo masivo se ha dispersado, la colectividad es pasajera: lo que persiste es la dispersa, acuosa sustancia ciberciudadana de los Estados supranacionales, que, como el agua, circula por donde haya cauce ¿Y quién puede abrir cauces y no sólo manipular, sino abrir fuentes? ¿Quién controla las fake news (en el lenguaje del pasado, las mentiras)? The web ones gobiernan desde un pequeño aparato manipulador el sueño del Big Brother, la pesadilla de Orwell (1984). La única verdad es la que vocifera Trump en Twitter, por eso dura poco tiempo, ¿a quién le importa que se contradiga horas después? Sólo a los viejos ciudadanos de los decadentes Estados nación.

Desaparecido el derecho a la privacidad y la privacidad misma, los supra Estados controlarán prácticamente hasta nuestros sueños. Están diseñando una supra Macroeconomía que pronto podrá controlar financieramente al mundo y todos los cibernautas seremos rehenes de su despiadada política económica. En ese momento el poder político pasará a sus cibermanos y sus impuestos supranacionales, que ya pagamos estúpidamente en internet (es una red pública mundial, por lo tanto debería ser gratis para todos), serán juego de niños ante el poder de coacción de sus redes, que ya habitan el interior de nuestros domicilios.

Hasta el 2017 no todos los seres humanos son ciberciudadanos aún, pero pronto lo serán; profetizo el año: 2084. Nick Dearden asegura: "A este ritmo de crecimiento bastará sólo con una generación para que el mundo entero este dominado por las grandes corporaciones" Añoraremos entonces no sólo al Ogro Filantrópico, sino hasta los estados totalitarios: el supra Estado, hijo del mercado, es el Frankstein-Golem-Leviatan de una crematística cósmica que exprimirá al mundo.

*Gracias a la estudiante Ana Cecilia Castro Ramos por su apoyo estadístico.