Política

Iglesias, homofóbicas atávicas

mayo 18, 2017

Ayer cumplió un año de que EPN anunciara que enviaría al Congreso una iniciativa para legalizar el matrimonio entre parejas del mismo sexo con el fin de seguir el criterio de la SCJN para reconocer el derecho humano de que las personas puedan contraer matrimonio independientemente de que sean del mismo sexo. El anuncio fue hecho justo el día dedicado a la lucha contra la homofobia.

Las religiones organizadas de tronco cristiano, católicos y la amplia gama de protestantes reaccionaron virulentas en contra. Varios analistas atribuyeron esa reacción como explicación de los malos resultados electorales para el PRI el año pasado. Cosa decepcionante si nos atenemos a que encajó un costo electoral por una iniciativa que beneficia a una porción significativa de la población por la acción decidida del poder clerical que incluso amenazó con pasar factura adicional en 2018.

En efecto, se formó un Frente Nacional de la Familia que eliminó viejas rencillas entre organizaciones entre católicos y evangelistas para articular el minado contra el PRI. Una suerte de pretenciosa guerra santa. El órgano de difusión católico Desde la Fe defendió su punto con un razonamiento singular: las propuestas de la Iglesia tienen siempre dos ejes, la fidelidad a la palabra de dios y la búsqueda de lo que ayude al individuo a ser "verdaderamente libre, pleno, feliz, encaminándolo a su salvación".

Muy bien, pero sucede que ninguno de los dos principios son excluyentes del matrimonio homosexual. A menos que se les fuerce el brazo. Cosa que las iglesias hacen con bastante ríspido cinismo toda vez que la Organización Mundial de la Salud (OMS) quitó desde hace casi tres décadas el estatus de enfermedad psiquiátrica a la homosexualidad.

La mentalidad y las instituciones religiosas suelen moverse despacio, tardan en cambiar. Pero lo que sucede en México respecto a las instituciones religiosas en este y otros temas obedece más a las posiciones ultramontanas de sus dirigentes que a una posición institucional irreductible. Es por eso que se convierten en moneda de cambio y chantaje políticos.

Así, una institución como la Iglesia católica que tiene un discreto manual de instrucciones de cómo tratar la pedofilia eclesiástica y proteger a los ministros que la cometen (Crimen Sollicitationis), se desgarró ruidosamente las vestiduras por la decisión de la OMS. El líder nacional de los católicos, el Arzobispo Rivera aventuró la osada afirmación de que "no existen estudios que respalden la decisión de la Organización Mundial de la Salud de retirar la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales". Es impreciso, existen cantidad de estudios anteriores y posteriores a 1974, año en que la OMS definió a la homosexualidad como condición y no como enfermedad, que demuestran y fundamentan la prudencia de la institución. Aquí unos cuantos: Purcell, D., Campos, P. y Perilla, J. (1996). Therapy With Lesbians and Gay Men: A Cognitive Behavioral Perspective. Cognitive and Behavioral Practice; Watson R, (1997). Psicología infantil. España. Editorial Aguilar; El abordaje teórico y clínico de la orientación sexual en Psicología, Armel, Brenes, Villegas y Zuñiga, Wímb Lu, Revista de la Escuela de Psicología de la Universidad de Costa Rica; Philippe Ariès (1987). Reflexiones en torno a la historia de la homosexualidad. Sexualidades occidentales. Buenos Aires, Paidós; Tres ensayos de teoría sexual, Sigmund Freud, Obras completas; ordenamiento de James Strachey, volumen 7, Buenos Aires, Amorrortu; Rotenberg y Agrest Wainer compiladoras (2007). Las nuevas teorías ponen en crisis viejas teorías, entrevista a Silvia Bleichmar. Homoparentalidades. Buenos Aires, Lugar editorial.

Eso debería bastar para efectos de actualización clerical.