Política

Antidebate como forma de esterilización

mayo 17, 2017

El llamado debate entre candidatos a la alcaldía de Xalapa revela los miedos sistémicos que exhibe el INE con desesperante desparpajo. Un formato tan acartonado y obtuso que da al traste con toda posibilidad de intercambio creativo de ideas y disensos.

En principio, por un muy mal entendimiento del concepto democrático que homologa y acepta poner en el mismo costal a toda la gama de aspirantes, parte importante de los cuales representan apenas su auto referencialidad egoísta, pero que no tienen ni las habilidades ni el conocimiento mínimos para la tarea a la que aspiran.

Cosa que al final del día al sistema dominante partidocrático le viene muy bien porque la probabilidad de cambio sustantivo se diluye en una oferta política atomizada que atomizará el descontento.

Podría aceptarse el formato si existiera la segunda vuelta que existe en muchos de los países del subcontinente latinoamericano. Pero los tomadores de decisiones la evitan porque corren el riesgo de, efectivamente, perder el poder. La fórmula es simple, luego de una primera elección, los votantes vuelven a las casillas después de unas semanas para elegir entre los dos candidatos que obtuvieron el mayor número de votos, cosa que por sí misma ayuda a construir mayorías efectivas toda vez que en una segunda vuelta necesariamente gana el que obtiene más del 50 por ciento de los votos.

El sistema mexicano no sólo acepta sino que alienta la participación de candidatos marginales porque le permite "ganar" con menos de la mitad de los sufragios efectivos. La segunda vuelta hace evidente el techo electoral real que tienen todos los candidatos.

El debate entre aspirantes de la alcaldía de Xalapa hizo evidentes las diferencias abismales entre ellos, con todo y el obtuso acartonamiento del formato que hace nugatorio el principio mismo del debate y que es agravado por la obtusa insistencia de aceptar como contendientes a todos, cosa que redunda en el costo de la elección, ya de por sí alto por la inmensa burocracia electoral.

La fragmentación política del actual sistema tiene como beneficiarios a la misma plutocracia de siempre, sólo que el electorado ha dejado de identificarse con los partidos políticos. Esto es un fenómeno relativamente reciente. Hace menos de 20 años que el electorado se identificaba con uno de los tres partidos mayoritarios. Hoy, apenas la mitad. El debate de hace unos días ilustra el porqué de la decepción y da luces del porqué del crecimiento exponencial de las preferencias por Morena. Lo mismo pasa en el Estado de México.

Es necesario modificar estructural y conceptualmente el sistema de elecciones nacional por uno que devuelva el poder de decisión a los ciudadanos, no a los partidos. Pero para eso será necesario cambiar de elites gobernantes. El debate de por la alcaldía de Xalapa ilustra, como si eso fuera necesario, el porqué.