Política

Editorial

mayo 16, 2017

Ayer fue muerto en Sinaloa el periodista Javier Valdez Cárdenas, corresponsal de La Jornada en Sinaloa, premiado por el Comité de Protección a Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) y editor de Río Doce.

Autor de varios libros acogidos y editados por Aguilar, destacan Narcoperiodismo, donde denuncia las presiones, amenazas, torturas y asesinatos que el crimen organizado, en ocasiones junto con los gobiernos, ejerce sobre el oficio periodístico; Levantones, serie de reportajes sobre los problemas y angustias y reclamos de quienes sufren la desaparición de algún familiar; Los morros del narco, sobre el reclutamiento de adolescentes y niños en el narcotráfico; Malayerba. Jus, una crónica sobre la violencia derivada del narcotráfico.

El sexto periodista asesinado en lo que va del año, decía que el peor periodismo es el de sólo contar los muertos. "Los Zetas son el producto del olvido a los pobres, los marginados, los niños que se mueren de diarrea en la sierra de Guerrero… Los zetas somos nosotros, el olvido, el abandono del abandono, los desterrados de los desterrados, el vómito de la sociedad mexicana".

Javier Valdez demostró hasta la saciedad la profunda relación existente entre la violencia que sufre el país por el nulo entendimiento de los gobiernos del fenómeno del crimen organizado y el semillero inagotable de desesperados por miseria que crean las decisiones gubernamentales.

Desde 2006, el Estado mexicano se ha desdibujado por las decisiones de sus gobernantes, 11 años de guerra de baja intensidad surtidora de ríos de sangre, cadáveres y desaparecidos.

El presidente Peña Nieto manifestó su indignación por el asesinato en Twitter, se le agradece, pero nadie le cree. Qué bueno que PGR y la Fiscalía Especial para Delitos contra la Libertad de expresión hayan iniciado sus diligencias. Ya se verá de lo que son capaces, aunque si nos atenemos a los resultados mostrados durante la administración de Peña Nieto, hay razones sobradas para ser escépticos.

El estado es uno simulado, es falso que impere el dominio de la ley y los acuerdos sociales para la convivencia; son meras enunciaciones que se esfuman frente a la contundencia de la violencia del crimen, del estado o en la viciosa combinación de ambos. Ahí sigue el testimonio insoluto de la barbarie de desaparecer a 43 jóvenes por maldita la cosa, en un territorio donde el límite entre crimen y estado es completamente difuso.

"No hablamos sólo de narcotráfico, una de nuestras acechanzas más feroces. Hablamos también de cómo nos acecha el gobierno. De cómo vivimos en una redacción infiltrada por el narco, al lado de algún compañero en quien no puedes confiar porque quizá sea el que pasa informes al gobierno o los delincuentes": Javier Valdez.