Política

Desconfianza ciudadana en el gobierno

mayo 12, 2017

Los signos de la crisis económica del estado presentan múltiples facetas en las que, de acuerdo a la circunstancia de la región, las características socioeconómicas de su población, inseguridad, migración etc., forman un caleidoscopio veracruzano en el que la corrupción y la falta de certidumbre en la eficiencia en el ejercicio gubernamental, conforman uno de los más peligrosos escenarios que la entidad confronta a lo largo de su historia.

Los efectos acumulativos de la depredación del gobierno de Javier Duarte en términos económicos aún siguen presentando desagradables sorpresas y sus consecuencias son imprevisibles en muchos aspectos de la vida de los veracruzanos; de a poco irán saliendo más actos de latrocinios sin nombre.

Por otro lado, la exacerbación de la violencia de los últimos días y la recurrente aparición de ejecutados como macabros mensajes de grupos delincuenciales hacia sus adversarios, pero también de forma implícita a unas autoridades que parecen rebasadas e incapaces de revertir esa tendencia, añaden elementos que reclaman ya una acción gubernamental desde todas las esferas para rescatar a un estado cuya caída parece imparable en todos los ámbitos de su vida institucional.

Producto de esa profunda descomposición que tiene orígenes perfectamente definidos y con responsables visibles, Veracruz está aprendiendo a vivir bajo nuevas formas de cohabitación con la falta de recursos, la pobreza, el desempleo, la inseguridad y comienza a dejar de depender de la figura autoritaria y omnipresente del gobierno como generador de empleo, bienestar y distribuidor de riqueza, circunstancia que se ha hecho sumamente visible en este gobierno que, a la par de encontrarse sin recursos económicos, presenta profundas deficiencias, inexperiencia y falta de resultados en determinadas áreas.

Notablemente se aprecia ello en la incapacidad e insensibilidad de la Fiscalía para atender el reclamo doloroso que resulta el de las madres y familiares de desaparecidos que no sólo encuentran incapacidad sino un trato inhumano e insensible que rememora con pena a la actuación de los titulares de la dependencia en el gobierno anterior.

En otro sentido, resulta revelador e inmejorable ejemplo de esa falta de confianza en las instituciones y, en este caso, en las constructoras que se convirtieron en cómplices del duartismo es lo que sucede con el monumento a la corrupción en que se convirtió el túnel sumergido de Coatzacoalcos, puesto en operación días atrás por la administración de Miguel Ángel Yunes Linares.

Resulta que ahora enfrenta la desconfianza de los usuarios y según reportes de los propios concesionarios, la población casi no lo utiliza por el elevado costo del peaje y más que nada por las filtraciones y la desconfianza que lo genera. Queda en entredicho también la utilidad social de dicha obra pues sólo es parcialmente utilizada por las grandes empresas mientras que la ciudadanía prefiere seguir usando el transporte fluvial tradicional por medio de lanchas y pangas.

Por lo pronto, el déficit de la corrupción y la falta de confianza en las autoridades gubernamentales seguirán incrementando en una espiral descendente del mismo tamaño de la crisis.