Política

Estado de la madre

mayo 11, 2017

La imagen de mujeres con las fotografías de su o sus hijos desaparecidos en el baño de sangre en el que los gobiernos mexicanos mantienen al país desde hace más de una década retrata de cuerpo entero la calidad de los personajes que medran del poder en este país.

El celebrado Día de las Madres fue el detonador natural para que las miles de víctimas de la violencia obscena retomaran su dolor para exhibir la fría indiferencia de una burocracia deficitaria de madre y empatía.

Casos de víctimas que tienen varios años a la espera de saber el paradero de sus hijos y familiares fagocitados por la espiral sociopática del terror de bandas armadas de comportamientos equivalentes, sean criminales o gubernamentales. Entre la justicia diferida ad nauseam, las desapariciones forzadas, la indiferencia burocrática, la incapacidad paralizante de los responsables de gobierno y la acumulación de cadáveres y restos físicos de víctimas son los elementos que definen la naturaleza de la empatía oficial nula que, en pálido despliegue, sólo acierta a quitar el nombre de la esposa del ex gobernador encarcelado de la fachada de un edificio dedicado al cuidado de la salud. Las consecuencias de megalomanía del estilo de gobernar y de la abyección de los colaboradores.

Por lo pronto, a la vera del puerto la exhumación de cientos de cuerpos que sugieren la conveniencia de describir a Veracruz como un estado macabro, el cual se debate aún en la búsqueda de las formas a la mano para cambiar de élites gobernantes.

Pero si algo faltara, ahí está la casi rebelión de huachicoleros, enfrentando al Estado por la inconcebible pretensión para poner fin a una veta criminal altamente lucrativa, la que el Estado mexicano pareciera empecinado en crear y asegurar el crecimiento del mercado informal para sus productos.