Política

Estilos

mayo 10, 2017

Ayer compareció el fiscal Winckler con los diputados estatales. Oposición sumada pidió iniciar en su contra un procedimiento de juicio político por haber caracterizado a todos los diputados como corruptos por negarse a aprobar el desafuero de un alcalde, Armel Cid, luego de que el fiscal enderezara en su contra una investigación por violencia familiar equiparable.

La negativa de los diputados exacerbó la frustración del Fiscal y se permitió la salida de su enfado en forma de exabrupto. Cosa que eventualmente podría costarle el puesto. Llama la atención que la iniciativa para pedir su remoción provenga del partido en alianza con el gobierno, el PRD. En cualquier caso la moción fue secundada por todos los partidos excepto el PAN porque le parece exagerada, excesiva.

En efecto, es claro que al Fiscal le falta aún desarrollar la tolerancia a las frustraciones, cosa que suele venir, eventualmente, más asociada a la experiencia que a las habilidades adquiridas en la formación escolar. Pero eso es más atribuible a su bisoñez que a su convencimiento. En cualquier caso pareciera excesivo si nos atenemos que en materia de búsqueda de rendición de cuentas el señor Winckler ha dado a varios ex colaboradores de Javier Duarte incentivos suficientes para alentarlos. A menos, claro, que no fuera así.

La vapuleada coincide con la iniciativa priísta para reformar la constitución en el sentido de que sean los diputados los encargados de designar o remover al fiscal general, cosa que tendría algún pálido sentido relativo sólo si se viviera un régimen parlamentario. Y también es dudoso.

En un régimen y modelo gubernamental sustentado en el ejecutivo, e incluso en uno parlamentario, es obtuso quitar al ejecutivo la capacidad punitiva para decidir ésta en el mercado de los intereses partidarios. En el mejor de los casos, porque el país vive en una suerte de interregno difuso entre políticos y empresas criminales.

Ya se verá si el asunto impensadamente se salió de control, o es una forma de aproximación indirecta para un cambio en el gabinete.