Política

Arresto inocuo

abril 19, 2017

A pesar de sus 88 años, la cultura priísta y sus reflejos de negación de la realidad siguen sorprendiendo por descabellados.

El priísmo nacional parece no darse totalmente por enterado de la súbita agudización de los casos de corrupción en varios estados. Para el resto de los mortales tiene sentido toda vez que la medida de la descomposición la puso el presidente Peña Nieto con la casa blanca de Las Lomas. Todos sus ejemplos del nuevo PRI están vinculados a escándalos de corrupción. Hasta ahora, van 10 gobernadores enredados en casos de corrupción pantagruélicos. El tabasqueño Andrés Granier; Fausto Vallejo, de Michoacán; el joven Rodrigo Medina de Nuevo León; César Duarte, de Chihuahua; Roberto Borge, de Quintana Roo, que está en vías de hacer mutis; los hermanos Humberto y Rubén Moreira; Roberto Sandoval, de Nayarit; Mario Anguiano, de Colima; y el tamaulipeco Egidio Torre, tercer gobernador en línea de Tamaulipas señalado de corrupción. Diez gobernadores involucrados en corrupción mayúscula, todos priístas.

Pero un conspicuo veracruzano, diputado federal con licencia, dice que el ex gobernador Javier Duarte es como un hijo descarriado del PRI. El presidente del PRI veracruzano, Renato Alarcón, dice, pese a las muchas y evidentes inconsistencias de la detención del ex gobernador Javier Duarte, que es un triunfo del presidente de la República. Otro priísta que aspiraba a ser candidato a la alcaldía del puerto, Gustavo Sousa, dice que la detención del ex gobernador no tendrá efecto en el PRI. Si se refiere a la posibilidad de que el PRI se deshaga de sus reflejos adquiridos, la detención del ex gobernador no tendrá, en efecto, ninguna consecuencia. Y si se refiere a eventuales consecuencias electorales, el priísta se equivoca rotundamente.

Entre una aprehensión deformada de la política, el impulso de sometimiento a la autoridad en turno, un espíritu de cuerpo que nulifica el pensamiento y la reflexión, y la noción patrimonialista que puede enriquecerlos, si se portan bien, los priístas se han vuelto refractarios a la realidad, no pueden procesarla a menos que la envuelvan en algodones y celofán.

Lo cierto es que la detención del ex gobernador en Guatemala tiene "abundancia" de aspectos que la hacen harto dudosa. El primero de ellos es que lo sometan a un proceso de extradición cuando entró ilegalmente a territorio guatemalteco, según las propias autoridades policiacas de aquel país. Condición por la que es posible la llana expulsión. Pero las autoridades mexicanas en la cancillería pidieron su extradición y no la han modificado a partir de la información dada por las autoridades guatemaltecas.

La única forma en la que pareciera posible que el PRI lavara cara de forma más o menos creíble, es que el ex gobernador devolviera el monto de lo robado y revelara el destino de lo que ya no tiene.