Política

Tiempos para ser consecuentes

abril 18, 2017

En mayo del año pasado, el primer ministro del Reino Unido fue anfitrión de una reunión referencial, el encuentro anti corrupción sostenido hace trece meses en Londres. En ella, México se comprometió a varias cosas: compartir bases de datos sobre contratos públicos, a coordinarse internacionalmente en términos de información sobre empresas y contratos públicos; a prevenir la facilitación de corrupción en contratos públicos; a la transparencia fiscal y a la evaluación que de ésta haga el FMI; a la recuperación de bienes y el regreso de lo robado por funcionarios públicos; a combatir la cultura de la corrupción donde quera que la hubiere; a promover la integridad de las instituciones.

Menos de un año después de la firma de tales compromisos, el gobierno de Peña Nieto declaró confidenciales los contratos con Odebrecht durante los próximos cinco años. Justo en la ola de escándalos internacionales que han llevado a la cárcel a su dueño presidente.

El gobierno mexicano miente y lo hace por sistema, no puede hacer otra cosa.

Pero eso causa ya demasiados pruritos entre sus asociados y gobernados. Los tiempos de validación a ciegas se perdieron en la ola de corrupción post moderna y neoliberal.

El reclamo de los constructores organizados revela el descontento informado y el conocimiento que tienen de la variables del país. Revela también la desesperación de los sectores productivos en general por deshacerse del tumor gubernamental y claridad de que el mal es sistémico.

La conclusión es obvia, si hay coincidencia entre actores económicos y políticos de que los males mexicanos son sistémicos, lo procedente es cambiar el sistema, establecer nuevos acuerdos de frente e incluyentes y nuevas reclas del juego. Refundar la república, pues.