Política

Editorial

abril 15, 2017

Desde cualquier ángulo de análisis la pobreza en el país ha crecido geométricamente desde los años 80 del siglo pasado, no sólo hay más personas en situación de pobreza multidimensional por el crecimiento de la población, como alguien explica, sino que la proporción de población que vive en pobreza también ha crecido. Si la pobreza ha crecido en términos absolutos y relativos significa que lo hecho por los gobiernos de las últimas tres décadas ha servido para nada, excepto como programas paliativos capaces, más o menos, para paliar el dramatismo del crecimiento y para justificar la existencia de una enojosa lista de personajes demagogos y patrimonialistas.

El asunto adquiere más importancia si se considera que incluso organizaciones católicas altruistas cuya vocación es atender a población en situación precaria, reportan sin mayores filtros que el aumento de solicitudes de ayuda se ha multiplicado por 10. Cáritas señala el dato y debe endentarse justo como lo que es: el aviso a cargo de una fuente distinta, no habituada a denunciar, que la pobreza crece y que en consecuencia los programas gubernamentales de combate a la pobreza son, en el mejor de los casos, ineficaces.

Programas como Prospera que subsidian con dinero sobre bases bimestrales a quienes están inscritos en su padrón sirven para asegurar los condicionamientos políticos sobre una población cautiva clientela de tal o cuales intereses, pero en absoluto para reducir el desgarramiento implícito en la concentración de riqueza. Los programas contra la pobreza son un fracaso. Por lo menos en sus propósitos manifiestos, no así en su uso político.

Las llamadas estrategias instrumentadas por el gobierno ni remotamente se acercan a influir en los ciclos generadores del problema... Actualmente hay 55 millones 300 mil pobres y lo previsible es que la cifra aumente.

Razón suficiente para repensar la organización completa del Estado mexicano y refundarlo.