Política

Gallos, cultura contra civilización

abril 13, 2017

El maltrato animal es moneda común de diversas culturas y desde tiempos antiguos. De ahí el argumento de que los espectáculos basados en maltrato animal son expresiones culturales. En efecto, muchos de los eventos que implican maltrato a los animales –toros, gallos, y circos– pueden rastrearse más de 2 mil 500 años. Son expresiones que se dan en culturas diferentes y con matices particulares, pero imposible considerarlas como recreadoras y mucho menos hacedoras de cultura por la simple razón de que aportan nada excepto dolor revestido de pretensiones estéticas, y esto sólo en el caso de la tauromaquia. El resto no es más que mera crueldad y satisfacción egoísta del morbo. Puede incluso haber rituales e historia en la celebración de la crueldad, pero eso no lo hace cultural y mucho menos civilizatorio. Argumentar cultura para justificar eventos donde se lastima y hace sufrir animales es el extremo del antropocentrismo antipático, en el sentido de ser contrario a la empatía.

Todos los animales sienten, no sólo dolor físico sino angustia y estrés. Ningún animal está precondicionado a la agresión. Sí a defenderse, a defender su territorio y su primacía para la reproducción. Esto es, los toros de lidia no agreden si no se les provoca ni se invade su territorio. Lo mismo sucede con cualquier otro animal.

Las expresiones y tomas del espacio público en contra del maltrato animal son mucho más que meras protestas de personajes preocupados por ello, son un signo civilizatorio que revela que la sociedad avanza y se sensibiliza.

Pero éste es un tema controversial por el dinero atrás de los espectáculos que incluyen maltrato animal. Los criadores de gallos de pelea sostiene que las peleas de gallos crean 500 mil empleos. Es discutible. Si acaso hubiera medio millón de personas en el estado involucradas en peleas de gallos, lo estarían sólo de forma intermitente, con ingresos precarios e inciertos. Los galleros reclaman se vuelvan a permitir las peleas y asocian su reclamo a su voto por quien los represente y defiendan en el Congreso. Qué bueno que lo hagan, así funcionan los intercambios sociales y los grupos de interés, pero las expresiones culturales no pueden ir a contrapelo de la civilización. Quienes defienden el interés de los animales como seres sintientes dan esperanza de sobrevivencia a una sociedad empecinada dirigirse alegremente hacia su destrucción.