Sociedad y Justicia

El diablo en la ciencia

abril 02, 2017

Dicen que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones y que la mayor astucia del diablo es convencernos de su inexistencia. Así que ahí la llevamos, siguiendo el camino de las buenas intenciones de la forma predominante de hacer ciencia, empedrado con bastantes billetes para que los científicos no alberguen duda alguna sobre la inexistencia del diablo, quien astutamente aguarda al final del camino.

En tanto, fuera de la metáfora, en la vida real, el conocimiento auténticamente científico se opaca por la presencia –en ese otro camino empedrado de buenas intenciones– de creencias dogmáticas y oscurantistas que aún predominan en amplios sectores de la población alentados por predicadores de toda clase de religiones, sectas y pseudociencias, quienes también –al igual que muchos científicos–, se enriquecen empedrando el sendero al infierno.

Así, en el siglo de la posverdad (¿?), todavía se lincha y se quema en vida a quienes, se dice, son poseídos por el demonio. Claro que para un tipo de creyentes, son los otros los poseídos y viceversa.

Vilma Trujillo, una campesina de 25 años, habitante de la remota comunidad El Cortezal, en Nicaragua, fue quemada viva –según cuenta Sergio Ramírez– el pasado mes de febrero por el pastor de la iglesia Misión Celestial, Juan Gregorio Rocha, de 23 años, y varios cómplices, entre ellos dos hermanos suyos. Fueron a sacarla de su casa para someterla a un rito de sanación, ya que la declararon poseída por el demonio: veía visiones y hablaba incoherencias. La llevaron secuestrada a la casa pastoral, donde la encerraron amarrada de pies y manos, y así la mantuvieron durante seis días. No la liberaban ni para hacer sus necesidades fisiológicas, por lo que se defecaba y orinaba encima.

Mientras tanto, en el templo de la congregación, calle de por medio, el pastor y los fieles oraban para librarla del dominio de Satanás. Entonces, una de las devotas escuchó una voz con un mandato divino. Nada de aquello era suficiente y era necesario purificar a la endemoniada en la hoguera. Muy expedito, el pastor mandó a recoger leña. Amarraron a su víctima a un tronco y antes de que amaneciera la lanzaron desnuda al fuego. La muchacha empezó a arder, entre espantosos alaridos. (http://www.jornada.unam.mx/2017/03/24/opinion/028a1pol).

El manto oscuro de la ignorancia lo cubre todo, dice Ramírez, y bajo la ley del fanatismo religioso, los jueces morales abundan siempre, sean analfabetos o letrados. Los pecados de la carne tienen que ser castigados de manera ejemplar para imponer la recta conducta social.

En otra escala, y en el campo de los letrados en ciencias, se dan casos similares, sólo que las víctimas no son individuos aislados, sino que comunidades enteras son condenadas a la hoguera, sólo que ahora siguiendo el sendero empedrado de buenas intenciones por cierta forma de hacer ciencia.

El 24 de marzo 2017 se realizó un foro en Washington DC, Estados Unidos, sobre geoingeniería solar, formas de alterar la intensidad de los rayos solares que llegan a la Tierra, supuestamente para contrarrestar el calentamiento global. Esto tendría una serie de fuertes impactos injustamente repartidos en el globo, como más sequías y desequilibrios climáticos en Asia, África y América Latina. Quienes promueven estas tecnologías afirman que eso sería un mal menor. Claro, no será en su territorio donde ocurrirán los peores impactos con la aplicación de estas tecnologías que tendrían graves consecuencias sobre los habitantes de esos territorios. Como quemarlos vivos, diríamos.

Se anunció allí la intención de realizar en 2018 el experimento de geoingeniería solar más grande hasta el momento, a cargo de un equipo de la Universidad de Harvard, a menos de 100 kilómetros de la frontera con México. Según David Keith, que lidera el proyecto, llamado Perturbación Estratosférica Controlada, se hará en colaboración con la empresa espacial privada World View, en su puerto espacial privado en Tucson, Arizona. Planean esparcir partículas de sulfato, calcio y otras sustancias en la estratósfera con un globo y usar drones equipados con sensores para estudiar las reacciones químicas y físicas.

Hay muchos impactos ambientales y de otros órdenes con los experimentos de geoingeniería. Éste violará la moratoria de facto contra la geoingeniería establecida en el Convenio de Diversidad Biológica (CDB), que admite experimentos de pequeña escala, pero solamente en un entorno controlado y que no genere daños transfronterizos, lo cual este proyecto no puede asegurar. Estados Unidos no es parte del CDB, algo que aprovechan los geoingenieros.

El foro, organizado por los programas de geoingeniería de Harvard y la Universidad de California (UCLA), se enfocó en el estado técnico y de gobernancia de la geoingeniería para manejo de la radiación solar en Estados Unidos, otra paradoja, ya que la geoingeniería se propone modificar el clima global y no se puede regular en un solo país.

La manipulación del clima es buen negocio, crea mercados cautivos, tiene potencial de uso bélico y no demanda reconocer qué o quién causa el cambio climático, ni hacer cambios en políticas y patrones energéticos. Por el contrario, permite seguir con las causas que calientan el planeta y hacer negocios con tecnología para enfriarlo (Silvia Ribeiro: http://www.jornada.unam.mx/2017/04/01/opinion/018a1eco).

Un prominente defensor de la geoingeniería del gobierno Trump es David Schnare, del equipo de transición de Trump, y hasta marzo 2017 alto funcionario de la EPA. Schnare sigue pujando por un programa de apoyo público a la geoingeniería, particularmente para alterar la radiación solar. En 2009 explicaba en una lista sobre geoingeniería cómo enfrentar a los críticos, hay que desafiarlos a elegir entre la muerte por daño económico [por cambiar el modelo petrolero], la muerte por inacción política, la muerte por cambio climático o la vida gracias a la geoingeniería. Un discurso curiosamente convergente con el del sacerdote que incitó a la quema de Vilma Trujillo.

Negar el cambio climático –afirma Ribeiro– no se contrapone sino que va en la misma dirección que la geoingeniería: se trata de no cambiar las causas reales del problema y justificar que los grandes emisores puedan seguir sus negocios como siempre, o mejor dicho: aumentarlos con los negocios de comercio de carbono y tecnologías de geoingeniería.

El manto oscuro de la ignorancia lo cubre todo, aún en nombre de la ciencia ■