Política

Trump y su pulsión frenética

enero 23, 2017

Tanto se ha dicho desde hace meses sobre Donald Trump que no es fácil encontrar ángulos analíticos que no hayan sido escudriñados de quien es evidente que sufre un severo trastorno de personalidad. Megalómano, narcisista y paranoico, lo describió E. Krauze. Creo que cabrían al menos un par más de calificativos, tal vez misógino y xenófobo, para caracterizar bien a alguien tan impredecible que con un único tweet es capaz no sólo de añadir incertidumbre en los mercados globales con sus serias consecuencias en un entorno de por sí volátil, sino a llevarnos a pensar que muy pronto el mundo va a transitar por un sendero diferente del que había seguido en los últimos casi treinta años desde la caída del muro de Berlín.

De manera inevitable y guardando las debidas proporciones, me ha recordado al año 2000 en México, cuando llegó al poder V. Fox, con altas expectativas sociales pero con un discurso errático y hueco que requería de ser restañado con una traducción cotidiana. Alguien con una verborrea incontenible que después de haber tomado posesión parecía seguir en campaña. Las semejanzas en este sentido son inevitables.

Ya conocemos el resultado de esa historia. Esa gran oportunidad perdida de cambio social efectivo que sentara nuevas bases en el país al haber "sacado al PRI de Los Pinos", como consecuencia de haber llegado al poder alguien que no supo qué hacer con lo que el pueblo puso en sus manos. Desperdició los excedentes financieros derivados del alto precio del petróleo; dinamitó la respetada tradición diplomática del país con efectos que aún perviven en América Latina y sobre todo con Cuba; alimentó al clientelismo y corporativismo sindical de antaño pensando ilusamente que podía utilizarlo en su propio beneficio. Una administración cuyo lema fue "el gobierno del cambio" cobijado por una presunta eficacia empresarial que sólo prolongó la agonía de la democracia mexicana al fortalecer un proyecto de nación neoliberal que ahora se expresa ad nauseam, con el regreso del PRI, como un gobierno ineficiente, desnacionalizado y mafioso que ha gestado una cleptocracia que ve al Estado como botín (E. Buscaglia).

El discurso populista y efectista que Trump pronunció al juramentar su cargo fue una pieza simple, lineal, sin elipsis retóricas ni circunloquios, socialmente divisiva, propagandística al estar colmada de exaltaciones patrioteras y estar destinada a satisfacer a una audiencia ávida de que Estados Unidos sea grande de nuevo, lo que eso signifique. Para cumplir su programa de America First! construirá muros, cerrará fronteras, establecerá políticas proteccionistas, cancelará acuerdos internacionales, reactivará el negacionismo del cambio climático al que califica literalmente de cuento chino y revertirá conquistas sociales en salud de una masa de población que no entra dentro de su propia agenda, aunque se trate de veinte millones de personas sin seguro médico. Sus instrumentos han sido y seguirán siendo las amenazas e intimidaciones (por ejemplo, barreras arancelarias elevadas contra empresas automotrices, deportaciones masivas), la imposición autocrática (por ejemplo, renegociar el TLC, suprimir el Obamacare), las mentiras y falsedades (por ejemplo, señaló en reiteradas ocasiones que Obama no era estadunidense) y el insulto (contra las mujeres, inmigrantes, mexicanos, musulmanes, adversarios, etc.), por citar algunas.

Alguien así no va a cambiar, menos si le funciona perfectamente en estos tiempos de posverdad, de inmediatez y de espectáculo. Lo más que podrá hacer el propio sistema político estadunidense, a cuyas élites también acusa de enriquecerse y protegerse sin ocuparse de las personas, será tratar de contener esa pulsión frenética por atraer reflectores como si estuviera en un reality show con declaraciones sensacionalistas, las que más pronto que tarde empezarán a generar problemas económicos y políticos con altos costos. Por las marchas multitudinarias del fin de semana podemos anticipar que la resistencia será grande.

Me pregunto por ejemplo qué pasará con las numerosas poblaciones fronterizas cuyo nivel de vida depende del intenso intercambio comercial, laboral, cultural, etc. Para Texas, Arizona, Nuevo México y California esos intercambios principalmente con sus estados vecinos de este lado de la línea, constituyen el destino de la mayor parte de sus exportaciones y de ellas dependen millones de empleos en Estados Unidos. La frontera de Estados Unidos con México es por sí misma la cuarta economía del mundo y por ella transitan de manera legal más de un millón de personas a diario. Canadá, China y México son sus tres principales socios comerciales y contra los dos últimos Trump ha lanzado groseros desafíos.

Es verdad que somos más dependientes de los estadunidenses que ellos de nosotros, pero lo que aportamos a esa economía no debe ser desdeñado, sobre todo ante el inicio de renegociaciones comerciales y económicas (el amago de gravar remesas para pagar el muro es crítico). Lamentablemente no veo un equipo con la camiseta de nuestros colores nacionales. Presumo que el equipo mexicano encabezado por los secretarios de relaciones exteriores y de economía (Videgaray y Guajardo) intentará sortear el vendaval con el menor costo posible para el gobierno y la casta partidista que nos avasalla, pero no para el país en su conjunto y menos para aquellos que son políticamente prescindibles.

El TLC debe ser renegociado, por supuesto. Ha sido una demanda de hace décadas, pero este es un momento de gran vulnerabilidad porque podríamos convertirnos con facilidad en víctimas propiciatorias del arranque de una gestión gubernamental que, de no plantarle cara comenzando por exigir una disculpa por el insulto de que los mexicanos somos una partida de criminales y violadores, le serviremos dócilmente para que pueda alardear conquistas y victorias. Sería la tormenta perfecta.

La hostilidad externa debe fungir como detonante para reconstituir nuestra identidad nacional y aprovechar ese impulso para inducir una insurgencia incremental que nos lleve al cambio real en México. Por eso es que debemos poner bajo escrutinio permanente los pasos que en este sentido dé este gobierno tetrapléjico y autista, a fin de que el equipo negociador se integre con quienes sean capaces de defender el interés nacional, y si así no lo hiciere que la nación se los demande.