Política

La Faena

enero 19, 2017

Entre priístas sandía, verdes por fuera y rojos por dentro, una bancada con ligas al pasado inmediato potencialmente colombianizada –por su inexcusable parecido a los legisladores colombianos que al terminar sus respectivas gestiones fueron a dar a la cárcel durante la peor época de la guerra contra el narcotráfico en aquellas tierras– el fierro del duartismo-fidelismo y el desconocimiento aparente de los operadores políticos del centro de la realidad veracruzana, la sucesión en el CDE del PRI tiene paralizado al Revolucionario Institucional en un riesgoso relevo que, de no actuar rápido, congruentemente con su circunstancia y plantando cara a la sociedad lo puede llevar a caer en una circunstancia similar a la que le sucedió a este partido en la CDMX... Ahí prácticamente desapareció como alternativa electoral desde que por vez primera el PRD y Cuauhtémoc Cárdenas alcanzaron la jefatura del gobierno; han pasado más de 25 años y este organismo político sigue desdibujado, actuando como fuerza marginal y con un handicap en contra enorme al cual no se le ve salida próxima para estar en condiciones reales de competencia política... La carga negativa para el tricolor esta difícil de sortear, máxime pareciera que tanto el secretario de gobernación o el jerarca nacional priísta no se hayan percatado de la circunstancia jarocha y el riesgo de poner en la primera fila de la elección municipal a quienes tienen encima el peso de la historia acumulada en los tres últimos sexenios, desde Alemán Velasco, Fidel Herrera y naturalmente de Javier Duarte... Entre las omisiones , difuminación del partido tras la derrota el cinco de junio y la ausencia notoria de discurso de la gestión de Amadeo Flores y la fuga de priístas a otros partidos, la ignorancia del CEN resultaría abrumador en todo caso si el relevo estatal no considerara la crónica de los últimos 18 años cuando comenzó la dorada etapa de la corrupción y el desplome de la población del estado en sus estándares de bienestar social, empleo y seguridad... En esa lógica de alejar al tricolor de todo lo que huela a esa etapa triste, el próximo dirigente debería tener como condición esencial su falta de identidad con esos tres gobernantes y en este momento pocos cubren ese requisito: el dirigente porteño Raúl, Díaz, el exlegislador Ricardo Ahued y el delegado del ISSSTE, Renato Alarcón, éste último el de mayor distancia con aquellos exgobernadores y con trayectoria en distintos cargos partidistas... Y aunque se ha mencionado a Silvio Lagos Jr. como una posible alternativa, en realidad es el más identificado pues habrá que recordarlo como el protegido de la exprimera dama, Rosa Borunda de Herrera, al igual que en su momento lo fue el hoy defenestrado, Javier Duarte... En ese escenario, no se descarta la aparición de un movimiento al interior del tricolor que ya se percató de que el CEN no esta siendo capaz de llenar los enormes vacíos que dejó la derrota con todo y el riesgo que el centro no lo reconozca, lo que contribuiría y mucho a ahondar el profundo bache en que se encuentra este organismo político... Porque pareciera que el centro no entiende que existe un priísmo real, más allá del coyuntural y veleidoso que se movió en la pasada elección para castigar con sus votos el desprecio bien ganado por Duarte de Ochoa y ponérselos a la alianza PAN-PRD que llevó a la silla gubernamental a Miguel Angel Yunes puesto que la fuerza real de Acción Nacional no le da por si misma para sustentar el triunfo... Fue el PES el primero que propuso una Comisión especial para conocer la deuda pública real del estado; lo realizó el dirigente Gonzalo Guízar Valladares en el contexto de la pasada elección gubernamental. El también diputado federal agregó que al tema económico debe incluirse el caso de los medicamentos clonados que revivió el gobierno del estado para llegar a conocer a profundidad tan deplorable acción y sobre todo se castigue a los culpables... Que una exfuncionaria esta apuntándose para ir a visitar a Mario Villanueva una vez que este cómodamente instalado en un penal de Morelos, dada su lelatad y reconocimiento a quien fuera su jefe y amigo.