Política

Mentiras y cobranza

enero 10, 2017

Con impensada eficacia, el presidente Peña Nieto logró el primer día del año polarizar al país en su contra. No sólo por la decisión de aumentar en más de 20 por ciento el precio de los combustibles para automotores, sino por los razonamientos y explicaciones probadamente falaces con que quiso justificarlo.

El gobierno federal argumenta que era una decisión necesaria por el alza internacional de la gasolina. Las razones verdaderas son las políticas y decisiones económicas tomadas desde 1982. Desde el gobierno de Miguel de la Madrid a la fecha, una larga sucesión de decisiones económicas han concentrado la riqueza en niveles obscenos y fortalecido el capital financiero por encima de la generación de riqueza y bienes necesarios; lo que implica la siempre pospuesta transición a automóviles eléctricos o de hidrógeno.

Lo cierto es que la administración y congreso federales son manirrotos dispendiosos. El presidente paga los viajes privados de sus hijos por el mundo con dinero público mientras que los diputados y senadores no muestran la menor intención de ahorro como lo prueba que en el último año el Senado aumentó su gasto en asesores en más de 151 millones de pesos. Gasto que en absoluto se justifica toda vez que cuenta con el Instituto Belisario Domínguez para la investigación y estudios especializados para alimentar la agenda y que se paga del presupuesto del Senado.

Respecto al precio de las gasolinas, hasta el ultimo día de 2016 la gasolina en México fue punto menos de 10 por ciento más cara que en Estados Unidos. Desde el primer día del año lo es 22 por ciento más cara, pero sólo lo será durante este mes. En febrero habrá dos aumentos adicionales.

La distorsionada dependencia del gobierno en los impuestos a las gasolinas es añeja, desde el final del sexenio de Luis Echeverría que se sobrecargó de impuestos para compensar el gasto excesivo. Casi tres cuartas partes de los años transcurridos desde 1976, el precio de la gasolina en México ha sido mayor que en el de los estados Unidos.

Nadie sabe en realidad cuál es el costo de producción de la gasolina que se vende en México. Pero es mucho más cara en razón de los impuestos que aplica el gobierno federal para nivelar sus finanzas.

En la administración de Peña Nieto, los precios de las gasolinas en México han sido en promedio 30 por ciento más caras a los precios estadounidenses. Al subir los precios del crudo, se redujo el porcentaje de la diferencia de precio en 9.9 por ciento, pero aun así los precios mexicanos siguen muy superiores a los de EU.

El gobierno miente. La razón del aumento no es el alza de las gasolinas en Estados Unidos sino el gasto de los privilegios frívolos de la burocracia de angora.

Ayer el presidente Peña insistió en su versión de que fue doloroso pero inevitable por el aumento internacional de la gasolina. Es completamente impreciso. A partir de 1982 los precios de la gasolina mexicanos han sido consistentemente superiores que los norteamericanos. Ahora en 2016/17 la gasolina norteamericana es significativamente más barata que como se vende en México debido a que los impuestos que cobra el gobierno mexicano IVA y IEPS son 137 por ciento superiores a los norteamericanos.

El enojo expresado en las calles desde el inicio mismo del año es absolutamente real y claro: la casa blanca, el nombramiento de Virgilio Andrade como secretario de la Funsión Pública, Ayotzinapa, las mentiras contantes en diversos temas sensibles, la burla implícita en la subestimación gubernamental de la tolerancia de los gobernados, la violencia y las desapariciones, la guerra de baja intensidad sostenida; el regreso de Videgaray ahora a la Secretaría de Relaciones Exteriores "a aprender". La suma de abusos es inocultable y el hartazgo es proporcional por la fecha y época en que se dio a conocer la decisión; vacaciones de fin de año y 28 de diciembre conmemoración católica de los santos inocentes. Por eso el manifestante que embiste con una camioneta a un grupo de granaderos que hostilizaban a los manifestantes en Rosarito, Baja California.

Hay razones suficientes para pensar que la crisis en la relación gobernante gobernados es severa y en absoluto pasajera. Si el gobierno apuesta a que el tiempo la diluirá, es muy probable que se equivoque por el eje. El enojo es acumulativo y faltan aún cosas por ver. La cuesta de enero y la inevitable escalada de precios.

La legitimidad de los últimos gobiernos ha sido, si acaso, precaria en extremo. Esto, la desdibuja por completo.

*Es cosa pública

leopoldogavitonanson@gmail.com