Política

El gobierno hostil

enero 09, 2017

El asedio de baja intensidad que se hace continuamente sobre Veracruz se tradujo en esta ocasión en una ola de saqueos a tiendas departamentales y en rumores sobre pillajes a casas-habitación. Nadie duda de que el descontento y protestas espontáneas fueron infiltradas por provocadores que azuzaron lúmpenes marginados para desvirtuar el enojo y protestas legítimas a lo que se sumaron cantidad oportunistas. Para no pocos la mano que mece la cuna debe buscarse en el gobierno federal. Por lo pronto es el único beneficiado de que el caos y el miedo haga olvidar la verdadera razón del enojo social: las decisiones gubernamentales que rematan en el impensado aumento del precio de los combustibles. Decisión esta última que satura la tolerancia y colma el hartazgo vista la deshonestidad y privilegios de los gobernantes. Basta otear sobre los salarios y prestaciones que se autorizan altos funcionarios y representantes partidocráticos.

Nunca como hoy la naturaleza e intenciones del gobierno federal han quedado tan evidenciadas en su desprecio por la circunstancia y bienestar de los gobernados. Tanto que son por sí mismas suficientes para su reprobación y descrédito, sin necesidad de sospechas de probables manipulaciones. Pero para la academia y para el clero católico el gobierno federal es el responsable más probable.

En lo que puede interpretarse como una acción de control de daños, los delegados del gobierno federal en Veracruz anuncian medidas compensatorias para "apoyar a los sectores sociales más vulnerables". Comunicado que merece un análisis aparte; por lo pronto basta decir que un gobierno obeso de gastos excesivos pasa la factura de la caída en los precios del petróleo a los gobernados, porque obcecadamente se niega a gravar las ganancias de las grandes empresas corporativas y los bancos; el dinero lo obtiene del petróleo y de gravar el consumo de los causantes cautivos.

La razón es simple, el promedio de ingresos tributarios en América Latina supera el 18% del PIB; en los países de la OCDE llega al casi al 40; en México es sólo de 9.5%.

Pero el gobierno no solo recauda poco, lo hace deliberadamente mientras que la evasión fiscal oscila entre el 30 y el 40 por ciento. Un gobierno de gastos obesos, salarios privilegiados que no tiene el menor prurito en pasar la factura de su eventual astringencia a los gobernados. Tal es la razón del gasolinazo pese a los compromisos explícitos de que no los habría más luego de la reforma energética.

Más de 45 millones de personas físicas y asalariados registrados en el Servicio de Administración Tributaria pagan impuestos directos de sus salarios o ingresos. Son los contribuyentes cautivos que representan la primera fuente de ingresos para el país y contribuyen con alrededor de 42% del gasto público.

La razón por la que los individuos y las sociedades aceptan al Estado es por el acuerdo previo de que éste debe procurar el bienestar de sus ciudadanos. Los impuestos y el gasto son los instrumentos para eso. Cuando un gobierno falla tan consistentemente en ello habla no sólo de sus limitaciones, sino que da razones para cuestionar su permanencia.