Política

Entre la emergencia, el miedo y lo importante

enero 08, 2017

En noviembre pasado, la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) hizo una consulta nacional entre sus agremiados en la que, para sorpresa de muchos, la mayoría se pronunciaba por un aumento significativo de los salarios mínimos. No es nuevo, hace mucho tiempo que los empresarios señalan que la depresión salarial trabaja en contra del mercado interno y en consecuencia, de los negocios y el bienestar públicos.

El gobierno federal mantiene deprimidos los salarios en razón de la insana obsesión de mantener los índices de inflación bajos, suponiendo que fortalecer la capacidad de compra de los salarios dispararía la inflación. Sin embargo, el criterio que el gobierno aplica para la población general nada tiene que ver con los que se aplican los funcionarios y legisladores a sí mismos. Los funcionarios y legisladores mexicanos ganan significativamente más dinero que sus homólogos estadounidenses y europeos. Esto es del dominio público y es una de las razones que explican la base del enojo generalizado entre los gobernados. Es un enojo acumulado desde hace años y se multiplica con facilidad. Es una pastura seca que se enciende con facilidad. De ahí la probable participación de más de un incauto influenciable en los disturbios de rapiña de los últimos días en el país y, particularmente, en el estado. De todos los lugares donde hubo saqueos, Veracruz parece ser en donde se dieron de forma más viciosa y sospechosamente inducida si nos atenemos a la información de los reporteros que cubrían los hechos. Detenerse en su secuencia y revisarlos obliga a la conclusión de que nada tuvieron que ver con las protestas del gasolinazo. Manifestaciones del descontento ha habido en varios lugares de la República, pero sólo en Veracruz ha habido sospechoso vandalismo y clara manipulación del miedo. Esto obliga a repensar en los probables beneficiarios de un clima así y de la fabricación de ingobernabilidad.

Habría entonces que voltear a ver a quienes crearon y se beneficiaron de las condiciones para el saqueo sistemático de los recursos públicos por lo menos durante los últimos 12 años. Habría entonces que preguntar si la permanencia en la fuga del ex gobernador obedece a la red de sustentación de algunas autoridades federales interesadas.

Mientras algo sucede, queda claro que por lo menos durante los primeros momentos logró desviarse la atención y enojo sobre el gasolinazo y atraerlo hacia el miedo y la incertidumbre por el vandalismo. Y esto necesariamente tiene beneficiarios. Efímeros, pero beneficiarios al fin.

No parece exagerado afirmar que Veracruz hoy está bajo el asedio de agresores embozados, pero de identidad probable. Ya se ha dicho en este espacio editorial que no es asunto de polaridades o simpatías ideológicas. Esto es algo que afecta a todos. Y, como siempre, más intensamente a los de menores ingresos. El problema inmediato es un gobierno, sí, pero el sustantivo es la concepción y modelo económico que privilegia la concentración obscena de la riqueza y lanza sin misericordia ala precariedad y pobreza a la mayoría de los gobernados.