Política

ECP* Repudio y manipulaciones

enero 06, 2017

Con consistencia envidiable, el ya muy deficitario gobierno federal se ha puesto en el centro del rechazo de la inmensa mayoría de los gobernados. Esta vez con el flagrante incumplimiento de los compromisos públicos que hizo para justificar y vender sus reformas estructurales, particularmente la energética. Existen cientos de pruebas documentales, periodísticas, en redes sociales y en portales especializados de videos donde el presidente Peña Nieto asegura el fin de los gasolinazos a partir de la reforma energética que enajena uno de los principales activos de los mexicanos.

A la evidente falta de ética gubernamental se suma la arrogante y deficitaria justificación de los altos funcionarios, especialmente José Antonio Meade, secretario de Hacienda. Incapaz incluso de aprovechar el amigable espacio de Televisa y articular respuestas aceptablemente desagregadas a la periodista Denisse Maerker.

Entre un secretario de Hacienda que no puede explicar convincentemente de las razones del aumento porque para ello tendría que explicar porqué los gobiernos mexicanos, tanto priístas como panistas –de los que de ambos ha sido funcionario– han preferido importar gasolinas e lugar de construir refinerías; y un presidente ausente por vacaciones cuando el golpe de precios y en cuyo primer acto del año presenta como nuevo secretario de Relaciones Exteriores al hombre que operó la visita del candidato Donald Trump con dignidad de jefe de estado.

Los gobernantes mexicanos, por su formación y por el sistema autoritario en que se forman, suelen ser distantes de los problemas de los gobernados. Por prudencia y elemental sensibilidad política suelen compensar y atemperar la lejanía y se ocupan de sintonizar con la sensibilidad pública, por lo menos formalmente.

No en el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Al agravio sostenido es natural que surja el repudio y que se generalice. Es lo que sucede en ascenso desde el recibimiento gubernamental del nuevo año.

El repudio ha llevado a la manifestación creciente. El pulso es evidente en redes sociales y es imposible pararlo sin retractarse de la medida. Cosa que es claro no están en la disposición de hacer.

Para desalentar la manifestación del repudio y su potencial desbordamiento y con la sinapsis suficiente para prever las consecuencias de la represión directa, los operadores gubernamentales desatan una campaña de desinformación masiva. Cosa que siempre ha existido y cuyos modelos de manipulación perfeccionaron las comunidades de inteligencia norteamericanas e inglesas, luego de aprenderlas de las técnicas nazis de manipulación de masas.

Esto ha sido el alud de mensajes escritos y de audio difundidos masivamente por redes sociales, algunos amables y empáticos de supuestos policías inconformes con sus ordenes, otros amenazantes. El objetivo no es tanto atajar el descontento como desalentar su manifestación física en las calles.

Para ello la estrategia de la distracción es fundamental, consiste en desviar la atención del público de los asuntos importantes y las decisiones de las élites gobernantes por la vía de la saturación de informaciones y distracciones insignificantes o francamente desinformadoras. Se trata de desviar la atención del público del tema principal.

Noam Chomski lo desagrega de así:

Crear problemas y después ofrecer soluciones. Se crea un problema, una "situación" prevista para causar cierta reacción en el publico, a fin de que éste se apegue las medidas que se desea hacer aceptar. Permitir o alentar se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados a fin de que el público demande orden y seguridad en detrimento no sólo de la solución del problema de origen sino de la libertad.

O crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos, cosa que hemos visto hacer sistemáticamente durante los últimos 30 años en el país.

A veces en preferible la gradualidad, eso fueron los gasolinazos mensuales previos. Para hacer que se acepte una medida inaceptable, conviene aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. De hecho así ha sido como se ha transitado a neoliberalismo. Otra forma de hacer pasar una decisión impopular es la de presentarla como dolorosa pero necesaria, esto fue la entrevista Meade-Maerker.

O diferir, es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público tiende siempre a esperar que "mañana todo irá mejor" y que el sacrificio exigido podría ser evitado. Se da más tiempo al público para procesar las medidas y aceptarlas con resignación cuando llegue el momento.

Ahora, por la articulación y forma de operar en los saqueos recientes, sería peregrino suponer que responden a motivaciones auténticamente populares. Antes tienen todos los elementos que apuntan a una premeditación precisamente con el objetivo de crear generar las condiciones previas para la psicosis colectiva y, con ello, desalentar la expresión del repudio público.

Ahora, si nos atenemos al pulso de lo dicho en redes sociales, esto también es algo de lo que el público está consiente y alerta.

*Es Cosa Pública