Política

Riesgo calculado, impreparación, o la perversa combinación de ambas

enero 06, 2017

Los actos de lo que pudiera considerarse como una suerte de revuelta social de los dos últimos días requieren reflexión, análisis y hay que verlos desde distintos puntos de vista. Ya han sido varias las expresiones de especialistas al respecto tratando de identificar su origen, pero lo que sin dudas detonó la revuelta es un hecho objetivo: hay inquietud, enojo, incertidumbre sobre el futuro y un malestar social que se disparó tras el incremento y la liberación de los precios de la gasolina. Si a ello se le agrega la embestida racista, xenófoba, proteccionista del fascista presidente estadunidense Donald Trump contra todo lo que huela a México, se generan las condiciones para una tormenta perfecta.

Este crisol del descontento ciudadano no surgió de manera espontánea sino que es resultado de la abultada acumulación de medidas impopulares tomadas por esta administración federal, por las políticas y decisiones de los últimos 30 años y, en el caso de Veracruz, por la impunidad en el castigo a los responsables del saqueo del estado y la consecuente parálisis económica y social que se enfrenta desde hace varios años.

Más allá de que los sucesos acontecidos principalmente en la conurbación Veracruz-Boca del Río y en el sur de la entidad , existen distintas hipótesis que van desde la posibilidad de que hayan sido creados artificialmente para servir de fachada a impopulares acciones de Estado y adelantarse a controlar la inconformidad ciudadana por el oscuro panorama social y económico del presente año; o la presencia de grupos de choque de indeterminado origen soltados para agitar aún más el estado de las cosas; el oportunismo de grupos delincuenciales que aprovechando el descontrol se sumaron al saqueo de tiendas departamentales –dado que al parecer se trato de acciones concertadas en tiempo por medio de redes sociales– hasta la genuina expresión de la ira y descontento social , acrecentado en la entidad por las gravísimas dificultades financieras por las que atraviesa una buena parte de los veracruzanos.

El detonador de los saqueos, que no disturbios, es si sin duda la liberación de los precios de los combustibles; sin embargo, lo llamativo es que en la movilización no existen cabezas ni liderazgos visibles y sus niveles de organización parecen elementales en lo general, cosa que es consistente con los actos espontáneos de rebeldía y protesta. Excepto los saqueos a tiendas departamentales que, no tienen conexión ni directa ni natural con el propósito de rebelarse a la imposición de los nuevos impuestos a los combustibles. La rebeldía es ejercicio de un derecho legítimo ciudadano ante la afectación rotunda a la economía familiar de la inmensa mayoría social consecuencia de liberar control estatal sobre los precios y mercadeo de los combustibles. No poca cosa si se considera lo raquítico de los salarios y la debilidad estructural del mercado interno.

Dejando de lado el hecho delincuencial por el que ya hay decenas de detenidos, según información del gobierno estatal y algunos con antecedentes delictivos, es difícil suponer que tanto las autoridades locales y federales y los partidos políticos que avalaron la propuesta del Ejecutivo, no hayan previsto un escenario como el que se esta viviendo en muchas partes del país.

Si no lo hicieron, malo porque hablaríamos de un Estado gobernado por las ocurrencias, la impreparación o la franca indiferencia tecnócrata; pero si calcularon los efectos para generar las condiciones para ejercer un mayor control social por medio de la acción directa de los gobiernos , la cosa es peor porque estaríamos a las puertas de un escenario de mayores alcances con consecuencias inimaginables para la nación. Dicho de otro modo, un gobierno que busca sintonizar amablemente con la polaridad actual política neofascista norteamericana.