Política

Hacendarias

enero 05, 2017

El funcionario que operó la visita de Donald Trump a México en plena campaña para la presidencia de los Estados Unidos, Luis Videgaray, fue nombrado ayer secretario de Relaciones Exteriores.

El hecho es mucho más que anecdótico, ostenta sin inhibiciones la verdadera naturaleza y perfil del actual gobierno justo en el momento en que, superado el azoro, en el país se extienden las protestas y el repudio al gobierno; en alguna de ellas con derivaciones a reprobables comportamientos vandálicos.

El nuevo secretario responsable de la diplomacia, en el acto de su nombramiento, reconoce su completa ignorancia respecto su nueva responsabilidad. Declaración decididamente atemorizante si nos atenemos al imperativo que tiene el país de equilibrar los abrumadores desbalances comerciales y económicos existentes con Estados Unidos. El primer acto oficial del presidente de la República luego de regresar de vacaciones. Tiempo durante el cual se sorprendió a la población nacional con la noticia del alza de los combustibles.

La secuencia de decisiones que desde agosto pasado ha llevado a cabo el gobierno de Enrique Peña Nieto, ha colocado al país es un lugar de extrema fragilidad adicional a la apabullante debilidad institucional existente. Pero revela además que en las motivaciones del gobierno, ni remotamente están consideradas las necesidades de los gobernados.

No ha sido una decisión improvisada, se planea desde la imposición de la controversial Reforma Energética. El hecho de que la decisión del aumento no incluya ni el menor asomo de políticas compensatorias para los gobernados ni reduzcan significativamente los ofensivos dispendios gubernamentales es razón de certeza en que a los actuales personajes en el poder federal lo que menos les importa son los gobernados. Prueba de ello es el dudoso argumento de que el impuesto especial a las gasolinas y el diesel fue pensado para igualar los precios de los combustibles de México con los de Estados Unidos, tomando como referencia el precio de la Costa del Golfo del país vecino, pero sin la menor consideración a las diferencias de ingreso salarial entre uno y otro país, razón por la que el gobierno federal actual es el responsable de dar a los mexicanos la gasolina más cara del mundo.

Es previsible que los impactos adicionales por venir sean devastadores y que la inflación y en consecuencia el costo de la vida se dispare exponencialmente al alza. Eso explicaría la renuncia y declaraciones de Agustín Carstens, no por el aumento de los precios, sino por las consecuencias indeseadas inevitables. Faltan cosas por ver y no parecen ser agradables.