Política

Mal gobierno, gobierno malo

enero 03, 2017

A tenido a la falta de organicidad ciudadana y a la temporalidad efímera de las protestas, el gobierno federal sin mayor explicación aumenta el precio de los combustibles automotores a niveles catastróficos por el impacto inmediato que habrá en la inflación y costos de vida.

Un gobierno que ha sido sorprendentemente inconsistente en decisiones sustantivas y en obligación de explicar sus escándalos. La casa blanca, la desaparición de los 43 normalistas, sus reformas estructurales además de incapaz de lograr crecimiento económico y control de la inflación, la cual previsiblemente se disparará en las primeras semanas del año.

Durante décadas los gobiernos mexicanos justificaban salarios mínimos deprimidos con el argumento de no incrementar la inflación. Durante años, diversos académicos y especialistas le han dicho al gobierno que es preferible un poco de inflación a cambio de reactivar el mercado interno y la distribución del ingreso. El galope inflacionario se inició el primer día de este año.

Pero este aumento brutal durará sólo un mes. En febrero habrá otros dos. La intención manifiesta del gobierno es romper el monopolio de Pemex para competir con Oxxo (Femsa/cocacola) e Hidrosina, el corporativo gasolinero formado por ex funcionarios públicos y capitanes de negocios enriquecidos al amparo del gobierno, como la familia Mouriño. Desde el 2013, 3 cadenas corporativas destacaron como nuevos franquicitarios: OXXO, 7 Eleven e Hidrosina, grupo del que, según información del Grupo Reforma, el ex gobernador Javier Duarte es accionista a través de su amigo Moisés Manzur.

El aumento revela en crudo la naturaleza de los actuales tomadores de decisiones y élites El proceso de apropiación/expropiación de los recursos públicos por las élites gobernantes y del país es grotesco.

La impresentable explicación del secretario de Hacienda es francamente chabacana, según él el incremento en el precio de las gasolinas se debe a los aumentos en los costos de producción del energético, por lo cual el alza no obedece a una "decisión pública que se tome desde el Gobierno".

Las primeras reacciones sociales, se dispersaron ayer por la república como un pálido barrunto de lo que puede ser la resistencia social si se organiza.

La ciudadanía no tiene muchas opciones, asume los costos y paga por las decisiones del gobierno, o se organiza resiste. Falta por ver si los sectores ya organizados por gremio, maestros, sindicatos, asumen banderas más allá de sus reivindicaciones laborales, y si la amorfa sociedad no organizada se prende y también se moviliza. Por lo pronto, barruntos hay. Conviene saber que los puntos sensibles no son las gasolineras, son las oficinas de gobierno abocadas a la recaudación y procesos económicos, además de las calles.