Política

El imperativo del cambio de élite

enero 02, 2017

Ominoso, inicia el año con el alza al precio de los combustibles para automotores. 14 por ciento la gasolina magna, punto menos que 16 pesos por litro; La Premium, la gasolina de mejor calidad y supuestamente la menos contaminante que debería ser incentivado su consumo, costará 17.79 pesos por litro; el diesel costará 16.65. El impacto en los costos de producción y en la inflación será devastador.

Tales precios será por poco más de un mes (al 3 de febrero), luego habrá dos aumentos semanales, se ajustarán diariamente hasta equilibrarse con los precios internacionales. Los salarios en absoluto tendrán el mismo comportamiento.

El gobierno federal miente de nueva cuenta, el argumento de los precios internacionales es falso, los precios del petróleo bajan. Lo mismo hacen los combustibles. El gobierno federal desde luego evita siquiera mencionar que el litro de gasolina con la marca Pemex que vende en Estados Unidos lo tasa en seis pesos. Gasolina, por lo demás, que es refinada en Estados Unidos.

Tal aumento obedece a dos cosas; una, la pasmosa ineficiencia gubernamental; dos, la indignante apropiación sistemática de los bienes públicos para engordar las carteras privadas de los funcionarios públicos. El secretario de Energía, Coldwell, es propietario junto con su familia de casi la mitad de las acciones de seis empresas con contratos con Pemex para la venta de gasolina y diésel.

Aún en medio de la barahúnda de las fiestas de fin de año las protestas físicas de tomas de espacios públicos y gasolineras empezaron en el vecino Tamaulipas. México, país productor de petróleo ha logrado tener una de las gasolinas más caras del mundo si se compara el precio con los salarios mínimos y con el promedio general de ingreso de los mexicanos.

No extraña, pues, que la aceptación popular del presidente Peña Nieto sea la más baja en la historia desde que se hacen tales mediciones. Lo mismo sucede con el resto de su gabinete. A los pocos meses de iniciar su gobierno, la percepción sobre su gestión de era apenas "aprobatoria", los ciudadanos lo calificaban con 6.3 mientras que líderes lo hacían con 7.1. La escasa legitimidad de la gestión del Ejecutivo fue evidente desde su inicio. No ha habido una sola promesa de campaña que no haya sido rota radicalmente por este gobierno.

Queda claro que si este país ha de sobrevivir, tendrá primero que cambiar de élites gobernantes.