Política

ECP*

diciembre 15, 2016

El federalismo como mentira

La debilidad institucional de México es de origen. Una colonia convertida en imperio criollo, convertido en república centralista, convertida en imperio foráneo, para luego volver al centralismo con pretensiones federales que ha permanecido luego de un par de invasiones extranjeras y tres guerras intestinas.

México es de los sistemas que se identifican como federales pero que no tienen ningún prurito en comportarse como una república centralista. Está en los reflejos de la formación histórica mexicana. Si hubiera duda sobre lo que salta a la vista, basta remitirse al encaje impositivo. La Federación capta la mayor parte y luego reparte. Estados y municipios quedan en la indefensión con sus magras recaudaciones locales.

Se habla de federalismo para refuerzo de la simulación federalista. El cuerpo sustantivo de los procesos de toma de decisiones que afectan a los habitantes de los estados se toman en el centro. Esto es así a pesar del debilitamiento presidencial y varias reformas que pretenden reforzar la federación.

Este esquema en México es por imitación extra lógica, lo tomamos de la invención norteamericana basada en las economías de las 13 colonias sin haber tenido en la formación social y política bases racionales para hacer funcionar el federalismo. Los liberales de mediados del siglo XIX tuvieron el concepto y la voluntad, pero el país no tenía los reflejos. Quienes más se acercaron a ejercer su condición de federativos fueron y son los estados del norte.

Incluso la definición misma de dicho régimen hace referencia casi exclusivamente a la pluralidad interna de unas formaciones políticas sobre base territorial que resulta privativa de su concepto mismo.

Ahora, la tarea sustantiva de los gobiernos no es ser "rector" ni "fiel de la balanza" del desarrollo ni de maldita la cosa, sino que, antes que nada, deben ser garantes de la libertad y propiedad de las personas. Tal es la definición liberal. Cuando los gobiernos no cumplen puntualmente con ese imperativo es el caos.

Esto pasa en Veracruz luego de 18 años netos de satrapía, y esto hace el gobierno federal con el estado y los que aquí habitan. Durante 10 años la administración federal ha estado acotado por sus debilidades, por sus limitaciones de origen, por el fracaso de sus iniciativas y por el crimen organizado. Tampoco es que haya gran cosa que esperar de él.

En el gobierno de Calderón se toleró y cubrió la tropelía holística de Fidel Herrera y Javier Duarte. El gobierno de Peña Nieto hace igual. Si el ex gobernador no aparece aún es por la protección activa/pasiva que recibe deliberadamente del gobierno de la República. No es de extrañar, no sólo vienen del mismo establo, comparten también la compulsión por el patrimonialismo, por apropiarse para sí de los recursos públicos.

Los veracruzanos no tienen por qué pagar la venalidad de tres mandatos estatales en línea y la arrogante displicencia de uno federal impresentable. O hay quitas sustantivas, y esto significa realmente la casi totalidad de la deuda pública contratada por Javier Duarte, o los habitantes y sus autoridades tendrán que tomar medidas radicales.

No son tiempos de pruritos partidarios ni de mezquindad ideológica, esto es una muy severa crisis de Estado. Es asunto tanto del gobierno como de los gobernados y del resto de los poderes. No significa la firma de una carta en blanco porque se esperan informes y cuentas pormenorizadas de sobre la situación, pero sí supone respaldar a la gubernatura frente a la federación. De hecho, parece ser forma de poder asegurar el pago de los inmensos atentados contra el patrimonio de los pensionados/jubilados, así como del resto de los pasivos con productores y prestadores de servicios locales.

*Es Cosa Pública

leopoldogavitonanson@gmail.com