Política

Entre Columnas

diciembre 08, 2016

Cambiar las Instituciones

Al tratar del Estado debemos recordar que sus instituciones no son aborígenes, aunque existieran antes de que nosotros naciéramos; que no son superiores al ciudadano; que cada una de ellas ha sido el acto de un solo hombre, pues cada ley y cada costumbre ha sido particular; que todas ellas son imitables y alterables, y que nosotros las podemos hacer igualmente buenas o mejores.

Emerson, poeta y pensador estadounidense (1803-1882).

El hilo de la madeja de la corrupción fidel-duartista sigue sorprendiéndonos con su cauda, mostrando datos como los expuestos en los últimos días que preludian hallazgos mayores: los ranchos, las obras de arte, los terrenos cedidos ilegalmente conforman una realidad del saqueo que supera la imaginación de lo peor de las actividades de una élite política y pública que socavó profundamente los cimientos del patrimonio y el futuro de los veracruzanos.

Ciertamente los daños son de gran calaje, avasallantes. Por ello las instituciones veracruzanas requieren un trato basado en ejercicios y compromisos que renueven y mejoren el comportamiento institucional, que en medio de la crisis actúen con verdad y responsabilidad ante una amplia demanda social de cambios que merece ser atendida.

El gobierno entrante debe asumir que resolver el fondo de las problemáticas existentes implica apropiarse de la idea de que las formas también tienen que ser distintas; nunca como hoy se exige socialmente de ejercicios públicos que trabajen fecundamente con respeto a la ley, humildad en el servicio público, austeridad y capacidad frente a los problemas y suspicacias sociales.

El bono democrático que respalda al actual gobierno debe ser utilizado con la solvencia y el compromiso que amerita el depósito de la confianza de la mayoría de los ciudadanos que no votaron por la continuidad, los que están convencidos de que las cosas se pueden y deben hacer de diferente manera, desechando las que perfilaron el desastre veracruzano. Recobrar la credibilidad social en las demeritadas instituciones es una tarea de primer orden que solo se logrará con el ejemplo, con un quehacer público cercano a la gente, que se ajuste al marco jurídico y lo cumpla, que brinde calidad y eficiencia, que trabaje con transparencia y rinda cuentas.

Cambiar las instituciones veracruzanas implica que los que tomen posesión en sus encargos se asuman los orgullosos servidores públicos que harán del gobierno de la alternancia un mejor presente y un más esperanzador futuro para nuestro estado, reconociéndose en las necesidades sociales.

Servidores públicos que rompan los círculos viciosos de la opacidad, la corrupción y la impunidad; que la ambición, la arbitrariedad y la desvergüenza que marcaron el ejercicio público particularmente en los últimos 12 años sean erradicadas y fijen las bases para rehacer el entramado institucional.

En la ruta de los cambios institucionales se encuentra un elemento sin el que no podrán generarse las condiciones para lograrlos: se trata de abrir los canales para que la sociedad se involucre directamente en la recomposición de las instituciones al hacerse partícipe de su evaluación del trabajo, de la valoración de sus integrantes y de las políticas públicas que se realicen.

La exigencia de cambio que subyace en el consciente colectivo tiene ahora una prueba de fuego; soltar al libre ejercicio de los servidores públicos los actos gubernamentales no puede ser el camino, hace falta mucha sociedad con compromiso cívico para lograr avanzar y posibilitar las transformaciones, para no dejar las manos libres.

El Veracruz de la nota roja nacional, del escándalo, de la mofa y el humor negro desde dentro y fuera de la entidad deben ser acicates para apresurar el paso y hacer el andar seguro, que la dolencia que aún padecemos en el día a día se vaya paliando con la firmeza por superar la apatía y la indiferencia que abonaron a la reproducción y profundización de las malas prácticas de gobierno.

Los cambios institucionales del calado que se requieren solo podrán conseguirse si todos hacemos el papel que nos corresponde, si aportamos, en la trinchera ciudadana, pública o política en la que nos encontremos, la crítica y la propuesta, el marcar las diferencias pero reconocer y abonar en las coincidencias.

Levantarnos y empezar a reconstruir es una tarea en la que se debe convocar a todos y ello significa que nadie debe ser excluido, pero también que nadie se debe autoexcluir, porque para avanzar no es suficiente la contemplación, sino trabajar para que cambie lo que tanto se critica.

De la bitácora de la tía Queta

La violencia de los últimos días nos avisa que soltaron a los demonios.

mquim1962@hotmail.com