Política

Entre Columnas

noviembre 30, 2016

◗ La coalición que llega

Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos

Eduardo Galeano (1940-2015) Escritor y periodista uruguayo

En unas horas tomará a su cargo el poder Ejecutivo del estado de Veracruz la coalición triunfadora en el pasado proceso electoral, haciendo realidad la alternancia y con ello la oportunidad de concretar la cauda de expectativas y promesas que le llevaron al triunfo y que le implican un reto no menor; escenario alentador, pero complicado y sin duda con vicisitudes que pondrán a prueba las capacidades del equipo gobernante para responder a los compromisos contraídos.

La novedad en la alternancia en el Ejecutivo estatal veracruzano no lo es para las instancias federales o municipales, tampoco es nueva una alternancia que surja de una alianza partidaria, en especial donde se unen el PRD y el PAN, pues varios de los gobiernos estatales elegidos en el país en este año lograron cambios precisamente basados en esa fórmula de unidad electoral.

Para Veracruz es la primera vez en 85 años que no gobernará el PRI y no es coincidencia que suceda en el peor momento de la historia local.

Las dificultades a sortear plantean exigencias de muy alto horizonte, por ello es menester la revisión y evaluación de lo sucedido en casos similares de gobiernos surgidos de coaliciones electorales que en la práctica no se consolidaron como cogobiernos para el cambio, sino que se diluyeron en la repetición de malas prácticas, de ejercicios opacos y excluyentes, iniciando por la exclusión y rechazo de sus originarios aliados para el triunfo.

Veracruz pasa por momentos inéditos y contradictorios, porque estando en el peor escenario socio político y financiero de su historia moderna, es el más alentador escenario de su vida democrática.

La coalición que arriba al gobierno deberá demostrar que es mucho más que la unidad pragmática que sólo privilegia el triunfo electoral, sustentada en acuerdos electorales –no de gobierno–, que romperán, acogiéndose al paradigma que nos ha restregado la cotidianeidad con conocidos ejemplos de alianzas electorales exitosas pero gobiernos que naufragan.

Oportunidades políticas desperdiciadas con severos golpes a la credibilidad de los partidos, porque al abandonar las plataformas programáticas que les dieron sustento, potencian la desesperanza social y la descalificación. Muchos apuestan por la reedición de las debilidades que han marcado a las coaliciones en nuestro país, donde la inicial unidad de los diferentes acerca de objetivos comunes pierde peso al privilegiar las diferencias internas y los espacios de poder.

Cambiar la percepción anterior es el reto y la disyuntiva que en breve enfrentará la coalición gobernante, tomando decisiones que garanticen la responsabilidad y el compromiso por hacer las cosas diferentes. Sin perder de vista que tiene a su favor una legitimidad democrática a la que debe responder en los hechos; que los respaldos sociales logrados le otorgan un bono que perfila las convocatorias y los acuerdos con las otras fuerzas existentes para superar los pesares veracruzanos; que tiene miras de largo plazo para el ejercicio público de gobierno y que no solo se trabaja para la próxima elección.

Son sólo dos años, pero las posibilidades para la trascendencia del nuevo gobierno que en horas llegará son amplias, tanto como los obstáculos que se deberán enfrentar para fincar los cambios que nos beneficien a todos, cambios que se concreten en el corto plazo y apoyen la reconstrucción de los entramados institucionales y sociales; la tarea es ardua pero será fecunda si se trabaja unidos, esperemos que estén a la altura de nuestras circunstancias.

De la bitácora de la Tía Queta

Por vivir a plenitud su sueño, por amor o por odio, el Comandante es un ícono que tiene un lugar en la historia mundial y en la historia personal de millones como yo. ¡Hasta la victoria siempre!