Política

Especulando sobre el futuro del muro y las deportaciones masivas

noviembre 30, 2016

Ajuzgar por el discurso de Donald Trump en campaña y las nominaciones de extremistas para su próximo gabinete, no son descabelladas las interpretaciones que afirman que Estados Unidos se ha colocado a la puerta del fascismo. Si esa puerta se cruzará o no, dependerá no sólo de la minoría blanca que lo favoreció y del propio Trump, sino además de la postura que vayan a adoptar los poderes fácticos (la oligarquía, los medios y otros) y principalmente de la fuerza que puedan recuperar en el futuro inmediato los sectores sociales que hoy parecen derrotados.

Es alentador que, sin esperar la toma de posesión de Trump, la resistencia al trumpismo ya haya salido a las calles. En esta batalla más general, la parte políticamente más activa de los mexicanos en Estados Unidos es aliado subalterno de una fuerza opositora naturalmente encabezada por los propios estadunidenses; pero, cuando esa batalla se enfoca particularmente en sus aspectos migratorios, entonces el gobierno mexicano y los mexicanos en aquel país están llamados a representar un papel más protagónico y menos subalterno, pues es el pellejo propio lo que está en juego.

Sin negar que el panorama migratorio que tenemos enfrente es bastante sombrío, quiero especular sobre un escenario menos pesimista.

Para empezar, nadie olvida que muro en la frontera con México y deportaciones masivas fueron las promesas de Trump en campaña; pero pocos quieren recordar que, también en Estados Unidos, los candidatos no siempre cumplen todo lo que prometen una vez que ganan el puesto deseado. Una cosa son los recursos retóricos a que apelan para ganar una campaña y otra distinta es, en este caso, mantener los equilibrios necesarios para gobernar el imperio.

El muro como consigna fue un excelente recurso retórico que conectó a Trump con los electores xenófobos, sector que ha existido en la sociedad estadunidense desde hace mucho tiempo, pero que actualmente es una minoría. En realidad, los asuntos migratorios no ocupan un lugar alto entre las prioridades de la mayoría de la población estadunidense.

Pero asumiendo que se construyera el famoso muro ¿Cuál sería realmente el problema en tal caso? Esto sería la consumación de un capricho insensato que, ciertamente, sería una grosería para los mexicanos, pero poco eficaz para resolver el problema que se supone quiere resolver: el cruce de indocumentados. Recuérdese que ese muro en la frontera sur se empezó a construir desde 1995 durante la administración de Bill Clinton, que otros tramos han venido cercándose desde mucho antes, que hay monitorización electrónica y patrullaje terrestre y aéreo, con una instancia fronteriza que durante la administración de Barack Obama creció a más de 21 mil agentes (equivalentes a más 7 agentes por cada kilómetro de la frontera con México) y un presupuesto previsto para este año de 23 mil 871 millones de dólares.

Amurallar completamente la frontera sería un ejercicio de esquizofrenia que no agregaría mucho más a las dificultades que los migrantes ya tienen para cruzar. Los altibajos en el número de indocumentados ■

* El autor radica en Chicago desde 1986, es miembro de la Coalición por los Derechos Políticos de los Mexicanos en el Extranjero y autor de varios libros y numerosos artículos sobre la vida de los mexicanos en EU.